OTRO AÑO QUE YA FUE...

El 2008 ya es historia, y ahora nos queda desearnos lo mejor de lo mejor para este año que inicia, mandar buenas vibras, llamadas, mensajes, comentarios en las páginas personales, etcétera.

Los últimos minutos del año deseamos paz, armonía, unión y que los deseos de los demás se cumplan; al comer las uvas planeamos lo que serán los metas del siguiente año: bajar de peso, ser más amables, salud, dinero, salud, dinero, trabajo, dinero, viajar, dinero y así hasta llegar al último mes. Y al analizar el año nos damos cuenta que díficilmente cumplimos todo lo decretado.

Por eso es mejor evitarse de desear cosas específicas. Si midiera mi año con base en todas las cosas que pedí mientras me atracaba doce uvas -una por cada campanada-, me empujaba dos o tres cucharadas de lentejas para la abundancia -según dice mi abuela-, me aseguraba de usar algo amarillo, tener un billete en el zapato, barrer la entrada de la casa y encima dar una vuelta a la manzana para poder salir mucho de viaje, no tendría ni un solo propósito cumplido, porque me pasa que a los cinco minutos de haber recibido el año, no recuerdo ni lo que pedí en Diciembre.

Al iniciar el 2008, decreté que sería el año ¿de qué? De cosas positivas, de agradecimientos a la gente tan valiosa con la que tengo el privilegio de compartir este viaje, por cada lección recibida, que hace más grande y más fuerte -sí, lo sé, sonó a comercial- el año, de proponer nuevas metas siempre. Y así fue, al final comprendí que este año fue el bueno, igual que los anteriores y los que vendrán. 2008 fue el año de romper cadenas, de cerrar ciclos, de abrir nuevos, conocer lugares distintos, cumplir metas de tiempo atrás y plantear nuevos objetivos, un año de planes, un año de pensar en el futuro, de cocinar nuevos y pequeños proyectos. 2008 fue el año de preparar.

Ahora los pequeños proyectos son una realidad. ¿Cuál es el siguiente paso? Fácil: actuar. 2009 debe ser la acción, hacer que esas pequeñas cosas que nacieron durante 2008 crezcan, se fortalezcan. Averiguar hasta dónde somos capaces de llevar a la realidad nuestra imaginación; viajar, evolucionar, crear nuevos objetivos y cumplirlos uno por uno. Para eso tenemos doce meses. Las lentejas, el calzón rojo y todos esos rituales son para divertirse y disfrutarlos, no para estar presionados pensando en los deseos, los propósitos...

¿Qué es lo que yo deseo para este año? No dejar nada en "la lista de cosas por hacer".

Los quiero CASI tanto como a MI!!!
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Y SE HIZO LA LUZ

Viernes por la tarde en algún lugar de esta irónica ciudad. En el restaurant "El Cazador" un grupo de trabajadores están haciendo el aseo del lugar para dar paso a abrirlo. En el interior se encuentra uno de los meseros arreglando la señal de la TV, para poder ver el partido Alemania - Brasil, los intentos son inútiles. El dueño del lugar está sentado en una de las mesas comiendo. Por fin parece ser que Daniel "El Tigre" encontró la causa de la interferencia, se dirige a Don Sergio.

Daniel.- Don Sergio, lo que tenemos que arreglar es la antena de aérea.

D. Sergio.- (molesto) ¡Cabrón! ¡Eso me lo hubieras dicho antes de que me sentara a comer!

Daniel.- (encogiéndose de hombros) Bueno, pues si quiere ahorita subo y lo arreglo.

Sergio.- (irónico) ¿O qué pendejo quieres que te ayude? Si quieres lo hago ¡yo! Un día me voy a morir y nadie va a hacer nada

Daniel.- ¡Órales! Vamos a poner esa antena

Don Sergio y Daniel suben a la azotea y comienzan a mover la antena. En la planta baja, Lalo, el cocinero, grita:

Lalo.- ¡Ahí... No, a ver, muévale otra vez...! ¡Ahí! No, ya no, déjelo como la última vez, ¡Ahí! !No ya la regó otra vez!

D. Sergio.- (tirando la antena al piso, molesto) Mira cabrón, quítate de pendejadas, lo que tenemos que hacer es una antena más grande, algo así como una extensión, buscate un palo para hacer más larga esta madre y así agarre.

Daniel levanta del piso un palo de escoba y se lo muestra a Don Sergio

Daniel.- A ver Don Sergio chéquele, éste se ve bueno

D. Sergio.- (Moviendo la cabeza en un gesto afirmativo) Así mero cabrón, si nada más tienes la pinche cara, ahora, mira, súbete a la barda, y haces la extensión, yo desde aquí te agarro de las piernas

Obediente, Daniel se monta en la barda, que da a la avenida y se encuentra a aproximadamente ocho metros de altura y hace una señal a Don Sergio para que éste le pase la improvisada extensión de antena, Don Sergio lo sujeta de las piernas

D. Sergio.- (Se recarga en la barda)Ponte buzo cabrón, no te vayas a caer, que te haces mierda

Daniel maniobra su extensión, la cual debido a lo largo se tambalea de un lado a otro, la incómoda posición y el movimiento incalculado de la antena ocasionan un movimiento instintivo en el cuerpo en busca del equilibrio y la antena llega a rosar los cables de alta tensión, cuando se escucha:

Lalo.- (Con emoción)¡Ya! ¡Ya! ¡Ahí quedó Don Sergio!

Al término del grito, un fuerte chasquido inunda el lugar, al tiempo que la luz en el restaurant baja considerablemente. Daniel recibe una descarga eléctrica, lo que provoca que él y Don Sergio salgan disparados por la fuerza de la alta tensión, quedando tirados en la azotea del restaurant, a unos cuantos metros de la barda.

Lalo.- (Haciendo zapping) Don Sergio, ¿qué chingados está haciendo? No nada más descompuso la tele sino hasta la luz, nos anda madreando! (preocupado) ¿Don Sergio, qué pasa?

D.Sergio.- (Enfurecido)¡Cállate pendejo! ¡tráete huevos y aceite, que ya nos achicharramos.

Lalo se queda totalmente blanco del susto e inmediatamente entra a la cocina, en busca de los tan pedidos huevos

Lalo.- (Desesperado) Ándale Cecilia, tráete el aceite que creo que Don Sergio se achicharró allá arriba, pero córrele! Y tú, Laura, habla a la casa, avísale a la señora lo que pasó, (mirando al cielo)¡Ayy Dios, la que se nos va a armar!

Sube apresuradamente y al salir a la azotea encontró a Don Sergio tirado en el piso con los brazos estirados, la piel totalmente desprendida y Daniel desmayado a un costado.

Lalo.- (LLevándose las manos a la cara, como muestra de sorpresa) ¡Ay Don Sergio, qué está haciendo?

D.Sergio.- (Hablando con dificultad) Cállate hijo de la chingada! ¿Qué no estás viendo? ¡PENDEJO! ¡Dame el pinche aceite! Y fíjate qué tiene ese pendejo del tigre!

Lalo y Cecilia, quien se encuentra llorando desconsoladamente, corren a socorrer a Daniel

Lalo.- (insistente) Don Sergio, pero dígame, qué fue lo que pasó? La duda me carcome

D.Sergio.- (Gritando, con los brazos extendidos) Hijo de tu pinche madre, qué ganas tengo de ponerte unos madrazos para ver si así se te quita lo pendejo y lo pinche chismoso

Paz entra a escena muy agitada, los paramédicos entran detrás de ella, con certeras maniobras son trasladados a la sala de urgencias del hospital mas cercano

Dos días después, un Don Sergio es dado de alta en el hospital y regresa ese mismo día al restaurant, donde sus amigos lo acompañan en la recuperación de aquel incidente, lleva las manos y la cara vendadas por las curaciones que le han hecho, con sólo unos pequeños orificios en ojos, nariz y boca... ríe acaloradamente después de aquel chiste. Entra a escena Lalo después de resolver la duda de un raro olor que percibía ya desde hace un rato

Lalo.- Don Sergio, creo que hay una fuga de gas

D. Sergio.- A ver muchachos vamos a ver dónde está esa fuga

El grupo de amigos se levanta y se dirigen a la cocina, Sergio mira e inspecciona detalladamente el lugar.

D. Sergio.- (sonríe) ¡Ahí está! Es en ese tubo

Bomboni.- (riendo) ¿Cómo crees, que así nada más vas a saber dónde esta la fuga?

Todo el grupo comienza a reír

D. Sergio.- ¡¿No me crees cabrón?! (señala al tubo, mientras retrocede dos pasos) Mira, pon mucha atención en ese tubo, una pequeña línea azul se ve ahí

Bomboni.- (desafiante)¿Y eso qué? Eso no nos dice nada

D. Sergio.- (enojado, con la cara como enmascarado voltea a ver a Bomboni)¿Cómo madres no? Eso es gas y ahorita te lo puedo demostrar

Todos sueltan tremenda carcajada, lo que esperan es la clásica forma de probar una fuga de gas: agua con jabón, cuando Don Sergio exclamó muy serio:

D. Sergio.- A ver pinche Lalo tráete los cerillos cabrón

Lalo.- (confundido)¿Para qué los quiere Don Sergio?

Extiende la mano con los cerillos

D. Sergio.- ¡No digas Pendejadas!

arrebata los cerillos de la mano del cocinero cuando éste sale corriendo

Lalo.- (asustado) ¡Vamos a explotar!

Don Sergio saca uno de los cerillos y lo coloca en posición para encender

D. Sergio.- Entonces qué cabrones, hay o no hay fuga en este tubo? ¿Quién dice no?

Bomboni.- No chingues cabrón, ¿a poco si vas a encender el cerillo?

D. Sergio.- Yo dije que les demostraba que aquí esta la fuga

En la barra del restaurant se encuentra Paz, quién acomoda la cristalería, Lalo se dirige hacia ella horrorizado

Lalo.- (apresurado) Córrale Doña Paz que ya Don Sergio va a checar la fuga con unos cerillos!

Paz entra corriendo a la cocina

Paz.- ¿Qué demonios vas a hacer? No acabas de salir de una cuando ya vas a entrar en la otra, si te quieres matar, hazlo tú solo, ¡dame eso cerillos!

D. Sergio.- Es que estos cabrones no me creen, ahorita les voy a demostrar a los pendejos

Paz.- (le arrebata los cerillos)Trae acá esos cerillos y ¡vete al cabrón tú solo!

Bomboni.- No Sergio, no tienes madre!

Sapo.- Casi me da diabetes

D. Sergio.- (suelta una gran carcajada) ¿No que no, cabrones?

SE CIERRA EL TELÓN

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LECCIONES DE MOTO EN 3 PASOS

Ser instructor de algo que tiene ruedas y un motor -lo cual considero como máquinaria pesada- es una de las cosas más estresantes que puede haber en este mundo. Para mi buena suerte la gente me encomienda a mí esa tarea, que recibo más como una penitencia por todas las cosas graciosas que veo en el diario vivir.

Muchos ejemplos vienen a mi cabeza, cuentan una etapa de conciencia en mi vida a través de los años. Yorch y yo estábamos parados frente al auto de mi padre, hacía algún tiempo que yo manejaba, lo normal era dar unas cuantas vueltas por las calles, nada largo y complicado, hasta que Yorch me pidió una lección express, fueron más o menos treinta minutos de ir de una calle a otra, tratando de dominar al auto en los topes y justo al entrar a la calle para dar por terminada la lección, chocamos contra un auto estacionado en la esquina; un faro roto y parte de la defensa torcida fue el recuerdo que le quedó a la víctima, a nosotros simplemente se nos cayó la mica de la calavera, cosa que solucionamos con un poco de pegamento instantáneo.

Si bien es cierto que me asusté mucho, pero nada comparado con la vez en la que Tisha me convenció de la aterradora idea de ser su instructora de motoneta-scooter-, para ese entonces ya contaba con algo de conciencia acerca de la seguridad e integridad física del conductor y pasajeros -más si el pasajero se trata de mi persona- por lo que el entrenamiento consistió en varias sesiones, primero con el vehículo apagado, después con pequeñas pruebas de encendido, más tarde recorridos por las calles y finalmente culminando con un paseo por la avenida. Ahí pagué todos los momentos de burla de los últimos 15 años de mi vida.

Tisha salió por la calle principal rodeada de autos ¡sola! Yo iba en el carro detrás de ella, cuando el alto en el semáforo apareció y en un acto de osada valentía pasó por entre los coches hasta llegar a la línea peatonal. Al ver esa imagen el color de la cara me desapareció por completo, cuando la luz cambió a verde y arrancó, sentí que con ella también había arrancado mi alma hacia algún punto en el universo. Manejé los siguientes cien metros por pura inercia, después cuando la vi rebasar aquel taxi e invadir el carril pasando a tan sólo medio metro de él, no sólo vi alejarse aún más mi alma, sino exclamé con la poca saliva que aún me quedaba.

- “¡Creo que me está hormigueando el lado izquierdo de mi cara!”- seguido de un tic en el ojo.

Aún no recuerdo cómo llegamos sin percance alguno a su casa, al girar la llave del switch recuperé el control total de mi cuerpo, incluyendo mi alma, en ese preciso instante di por terminadas las clases, no más prácticas, todo sería teoría y un estudio profundo del nuevo reglamento de tránsito. Sin embargo nadie como mi madre, quién hace unos días –a pesar de la experiencia que dan los años- le dio la loca idea de aprender a conducir motoneta, y escogió quizás al instructor más práctico que hay sobre este planeta, mi hermano. Las instrucciones fueron muy sencillas:

1) Meta la llave y encienda

2) Persígnese y rece si sabe

3) Acelere

-¡Que tenga usted un muy buen viaje! Gracias por confiar en nosotros- seguramente fue el discurso de graduación de mi hermano. Mamá, como toda buena alumna, siguió al pie de la letra las indicaciones del instructor, lamentablemente no logró avanzar ni cinco metros cuando se encontró al poste en su camino, se sujetó fuertemente de él y giro cual luchadora profesional aplicando una llave al poste. La motoneta quedó a escasos centímetros de ella, afortunadamente en la calle no había nadie más que el instructor para presenciar ese bochorno.

Con algo más que el orgullo raspado se levantó, sacudió su pantalón y entró en la casa a curar las heridas, con la firme promesa que una vez recuperada del incidente continuará su aprendizaje, pero esta vez con la aterradora diferencia de ser yo su nueva instructora, creo que pagaré por adelantado algunos años de carcajadas.
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MI OGT INTERIOR

Cuando pasamos lentamente en un accidente de autos, de esos que son horribles pero no puedes dejar de ver esas escenas sangrientas; cuando le tocamos fuertemente el claxon al perro a mitad de la calle, despertamos con un chiflido al borracho dormido en la banqueta o los momentos en los que te tomas el tiempo de mirar a tus anchas al perro muerto con la panza inflada y a punto de reventar, no somos nosotros los que actuamos así, es el OGT que llevamos dentro.

Son días en los que el OGT que vive en mí sale a la luz, aquel que con todas sus ganas desea que en las posadas a alguien le toque un palazo y, mejor aún, poder grabar ese momento con el celular. El OGT que se sigue riendo hoy de la caída de Juan Gabriel e incluso tiene el video como uno de los favoritos, que cuando va en la calle manejando va escaneando a cada uno de los conductores, esperando que uno de ellos se saque un moco o se le abra de la nada la puerta del auto y salga rodando por el camino.

La aparición más larga e inoportuna de mi OGT interior fue en la recepción de la boda de "La Güera", cuando comenzaron la famosa "Víbora de la Mar" él era presa del ansia al ver que ningún pobre diablo terminaba trapeando el salón.

- "¡Denle más rápido; denle más rápido que así nadie se va a caer jamás!" - gruñía ferozmente en primera fila con cámara en mano.

El momento que más disfruta de estos eventos es la hora de partir el pastel pues le gusta ver cómo los novios son arrojados con saña por los invitados, los cuales, por supuesto están dejando actuar a su respectivo OGT.

Ese OGT interior goza con la vergüenza de otros. Por ejemplo en la recepción de "La Güera", uno de los invitados no sólo le zumbó la cara al novio en el pastel, sino que dejó de ejercer presión hasta que se escuchó un seco "crack".


El pobre tipo cayó desmayado llevándose consigo los tres pisos de aquel suculento postre, para mi mala fortuna solté una carcajada que retumbó seguramente hasta el estacionamiento del lugar, no podía mantener una toma fija con la cámara debido al ataque de risa que me invadió. Aunque sabía que lo más oportuno era auxiliar a mi "primo" algo dentro de mí decía:

-"Jajajajaja... ¡esté es material de primera para el canal de You Tube!"

El OGT interior viene en distintos modelos, puede ser un gordo asqueroso y barbón, que todo el día se la pasa comiendo "chatarra", un viejillo frustrado con olor a naftalina y los pantalones hasta el pecho, o una "sesentona" con gesto de fuchi en la cara, atenta a los últimos chismes en la nota roja del periódico, eso depende de cada quien.

Difícil es controlarlo, porque en los momentos más embarazosos le da por salir a la luz, se acuerda de los chistes crueles -muy buenos, por cierto- en los velorios, se pone unos corajes marca embolia a la vista cuando alguien en la calle a punto de caer recupera el equilibrio, aunque de ser por ella lo ayudaba (pero a caer más rápido).

Se debe entender que no es cruel e insensible, simplemente mi OGT interior se encuentra más a flor de piel que el de muchos otros, tiene autonomía y ya no sé cómo controlarlo, aunque lo realmente interesante es cuando termina juntándose con una chiquilla que vive dentro de mí, que de tan honesta que es cae en el cinismo.
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SOÑAR ES UN CONSUELO PARA EL ALMA

Se dice que lo que uno sueña son experiencias que se viven durante el día, durante nuestra vida. O, como diría algún psicoanalista famoso, son deseos reprimidos del inconsciente. Sin embargo hay sueños tan nítidos que se confunden con la realidad. Éstos, normalmente, son un consuelo para el alma. Es entonces cuando una película se forma en nuestra mente, una historia corta y concreta, con un principio y un misterioso e inconcluso "final" que se repite una y otra vez.

Ha pasado mucho tiempo de eso, y ahora yo me pregunto si fue real. He oído este sueño desde hace ya unos años, ya no recuerdo cuándo fue la primera vez. Han sido tantas veces que se ha convertido en una historia, en un cortometraje. Es uno en blanco y negro, ya esta un poco gastado de tanto que lo he reproducido, el sonido no es el mejor, pero no quiero desecharlo.

No hay backstage, no tengo escenas inéditas, ni material extra. No tengo ni la certeza de quién lo produjo, si el cerebro o el corazón. Un clic mental al botón play y la historia comienza a correr:

"Es una fría noche de enero, el año puede ser cualquiera, el dolor es el mismo. Ahí está profundamente dormida, ha sido un día muy pesado, entre la escuela y el trabajo no quedan ganas para nada. Piensa en su padre, quien desde hace unos días está en el hospital. Hoy no tuvo tiempo de verlo, llegó a casa y apenas pudo cenar. Las ganas de dormir y descansar eran más fuertes. Dejó toda la comida en la mesa.

Entrada la noche, una imagen llegó a su mente, un sueño extraño: sueña que esta dormida, que está soñando. Afuera está el perro, un doberman sentado como todos los días frente a la puerta principal. Desde que su amo enfermó está a la espera del regreso. Escucha sus pasos inquietos, va de un lado a otro, está nervioso y jadea desesperadamente. Ella está confundida, no sabe cuál es el sueño y cuál la realidad.

Silencio absoluto, la noche vuelve a ser tranquila, el sueño es absurdo -soñar que duermes-. Lo mejor es no soñar, no gastar energías... Súbitamente el perro vuelve a dar pasos acelerados, se oye desesperado, jadea de manera muy agitada, lanza pequeños aullidos, se percibe su angustia en el aire y en cada gemido una dolorosa tristeza.

La puerta se abre, por unos segundos la mujer se encuentra confundida entre el sueño y la realidad. Alguien entró a la casa, puede sentir la presencia. No quiere despertar, no sabe si ya está despierta. Es aquí cuando todo sucede, unas voces se escuchan, no encuentra género en ellas. En realidad desconoce si escucha las voces o tan sólo las palabras.

- Creo que están dormidos.

- Mejor vámonos, hay que dejarlos descansar, llevan toda la
semana en el trabajo y escuela.

Las voces desaparecen, el perro por fin se calma, ella deja de soñar, o quizás por fin se quedó dormida, quién sabe. Unas cuantas horas después despierta, aún esta cansada pero tiene hambre, sale al comedor. La comida del día anterior ya no está, revisa en el refrigerador. Tampoco hay nada. La puerta principal apenas y está entrecerrada -la noche anterior su esposo la cerró con llave-. Recuerda el sueño, parecía real. El télefono suena..."


Sábado 4 de enero, la mujer se levantaba para desayunar e ir a visitar a su padre al hospital cuando recibió la noticia: él había muerto. Alrededor de las 4 de la madrugada se quedó dormido para siempre. La comida en la mesa había desaparecido, la puerta se encontraba abierta, la negación ante la noticia estaba a flor de piel. Fue entonces que apareció el vacío, ese agujerito que se siente dentro de uno cuando una parte de la vida se va.

Puedo dar muchas explicaciones a lo que sucedió. Explicaciones lógicas, racionales, pero puede ser que no quiera hacerlo, porque simplemente quiero creer que lo que sucedió es real, porque... hoy, ventitantos años después, mamá sigue sin saber qué hacer con ese agujerito, y guarda el único consuelo de que él, ese hombre que es mi bisabuelo, esa fría madrugada de enero la muerte le dio permiso de despedirse.
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DEL OTRO LADO DEL APARADOR

Hay días en los que me invade un sentimiento de libertad, de estar en movimiento, de salir, sentir que puedo estar en cualquier parte y al mismo tiempo no pertenecer a ningún lugar, de conocer nuevas personas... ganas de perderme para al final encontrar algo nuevo en mí, algo que antes de salir de viaje no sabía o no existía. Me gustan los viajes largos, aquellos que te permiten caminar tranquilamente por las calles y disfrutar de ese ambiente extraño que tienen los lugares nuevos, adaptarte al clima, las costumbres. Viajar por largo tiempo sin saber cuando volverás es empezar, y viajar solo te da la oportunidad de encontrarte.

Recuerdo mi primer viaje sola, fue a los 15 años, veinte días en la Riviera Maya en compañía de mi amigo Yorch. Aprendimos que si nos lo proponemos podemos acabar en siete días con la autoestima de una niña, con la vida de una tortuga de más de 30 años, la paciencia del personal del hotel y sobre todo que el ajedrez no es el mejor juego para conservar un amigo. Un viaje marca un momento en la vida, hay un antes y un después, existen viajes que inicias sin saber cuando terminarán. Es a través de un viaje largo que te encuentras, te conoces a ti en distintas situaciones, tus horarios y tiempos cambian, costumbres... incluso los niveles de tolerancia. Eres uno distinto en cada lugar. Viajar te permite volver a causar la primera impresión, viajar esta lleno de nuevas impresiones.

El viajar te brinda la oportunidad con el tiempo de no estar lejos, lejos ¿de qué o quién? ¿De casa, de tu familia? La capacidad del ser humano para adaptarse al cambio, física, mental y emocionalmente, crear lazos de amistad de la nada. ¿Qué es irse? ¿Qué es quedarse? Atarse cuando el alma es libre, dejar de sentir la libertad de poder ir y venir, de poder ser y volver a ser. "Para qué crearnos ataduras, si la vida no nos ha atado a nada, ni a nadie".

¿Qué es lo que motiva a salir? Andar de un lado a otro, tal vez es el sentir que hago mucho aún cuando no hago nada, romper con la rutina, buscar lugares que inspiren a escribir, vivencias que ocurren en este nuevo viaje, ampliar lazos sociales, tradiciones, lugares interesantes por descubrir, tal vez es un poco de eso o simplemente saber que la vida no es una línea recta, no es ser una animalito detrás de un escaparate.

Un animal en cautiverio se encuentra confiado porque vive con horarios de comida y hábitos. El ambiente es el mismo, las situaciones están limitadas, te ven los compañeros del trabajo, los amigos de toda la vida, tu familia, quizás una o dos personas nuevas en el día, todo ocurre tranquilo y hasta cierto punto seguro, todo detrás del vidrio del aparador de tu vida.

Hace dos años este animalito decidió salir del aparador, cambió la seguridad de una base por la incertidumbre que es vivir y quedó maravillado con lo que era capaz de hacer y recorrer, de estar del otro lado del aparador. Tal vez los ambientes, la gente y los escenarios al final en esencia son lo mismo, pero la intensidad de cada momento vivido no es ni remotamente parecido a la vida sedentaria. Como dije, cada viaje marca el fin y el inicio de una etapa. La última vez que sentí el miedo a la incertidumbre del futuro fue hace ya dos años y ahora me viene a la mente que está a punto de dar vuelta a la hoja e iniciar una nueva historia.

El 25 de este mes, Luka tomará su maleta y volará a donde por ahora no me está permitido revelar. Descansará en el hotel después de un largo recorrido y el domingo 26 de octubre comenzará de cero, del otro lado del vidrio. Causará la primera impresión y vivirá la experiencia de estar a nivel de cancha. Y yo, del otro lado del mundo, ahí estaré ansiosa de oír su narración.

Hoy cierro agradecida y feliz este ciclo con una frase que hace un tiempo Luka me escribió por Messenger: "Beginnings are scary, endings are usually sad, but it's the middle that counts the most".

¡Buen viaje LUKA!
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CRÓNICA DE UNA CACÁSTROFE

La tecnología avanza a pasos agigantados. Hoy en día ya es posible estar conectado a Internet desde cualquier punto con el WiFi, se puede jugar en línea desde el Xbox, llevar a cabo una vida de fotografías en el Hi5 y enseñar a los amigos más lejanos lo que has hecho y has vivido.

En cinco segundos puedes comunicarte por MSN con amigos que se encuentran a kilómetros de ahí. Estamos a sólo un clic de distancia, pero no podemos avanzar en cuanto a ir al baño se refiere.



Antes todo era arcaico y manual. Hoy puedes tener una cámara, varias discografías, juegos y un teléfono en un solo aparato. Todo ha evolucionado, el Messenger, las videollamadas… todo menos ir al baño. Cagar sigue siendo la misma mierda de siempre. Y el verdadero problema radica cuando salimos de casa, porque adaptarse a un baño ajeno es tan incómodo como mandar unos pingüinos a Hawai.

Es necesario un ambiente familiar, el confort, la ventilación, el aislamiento, el retrete a la medida, que embone perfecto como si tus nalgas y él fueran una sola pieza. El "sacar" lo mejor de uno es un acto de egoísmo total, un placer íntimo, un acto entre el hombre y sus esfínteres, cosa que hace el asunto éste más difícil. Es mentira que el cerebro es quien gobierna, cuando el llamado del estómago grita, aquel asunto parece cobrar vida propia.

-Ya nos vamos anda

-No, espera, deja voy al baño, me siento un rato a ver si madura- carajo, media hora y nada, las piernas dormidas, los brazos cansados y nada que madura.

Entonces decides salir a la calle y justo cuando más lo necesitas, cuando la tecnología debe hacer su aparición, ¡ahí está el error! El hombre actual con todos los gadgets habidos y por haber, teniendo todo al esfuerzo de un clic, no puede cagar si no es en su casa y si no es a la hora que el estómago dice o por lo menos un lugar con ciertas características.

La siguiente historia está basada en un hecho real, los nombres de los personajes han sido cambiados por respeto a los protagonistas, ya que mi abuelo me reclamó por el post en el que lo expuse a la luz pública.

El protagonista de la historia cuenta con una digestión envidiable. Para esta modernidad en la que vivimos diría que tiene digestión LAN o de banda ancha. Los hechos ocurren a mitad de un espectáculo cultural en la calle, el hambre se hace presente y aunque desconfiado a la comida de la calle -condimentada y agresiva- termina por ceder ante uno de los puestos que ahí se encuentran.

El hambre es saciada, seguida de la somnolencia que llega después de comer, disfruta el espectáculo tranquilamente, cuando, justo a la mitad, aparece súbitamente un retortijón, síntoma inconfundible de un caso de maduración, inmediatamente el cerebro se alerta, es entonces que un espasmo se apodera del pobre hombre, un escalofrío recorre su cuerpo, la piel se le eriza, otro espasmo aparece, comienza a sudar frío, el miedo lo hace presa, está que se caga. Un pensamiento es constante en su mente, el caminar como un jinete al que se le ha perdido el caballo, una tortuga desovando en la playa… todas las ideas tienen que ver con una neurosis, que Freud califica de "anal".

Las manos le sudan, el asunto ha tomado vida propia, parece imposible detenerlo, está pasando de lo abstracto a lo "concreto”. La vista se nubla, cree que todo está perdido cuando, a lo lejos, vislumbra una fonda. Es como ver un oasis en medio del desierto. Sin pensarlo dos veces corre, aunque no puede correr como Dios manda, ya que siente que a cada paso que da sale algo más que la vida y por otro lado cada segundo es crucial, así que no resiste mucho y piensa: "Más vale que digan ‘aquí corrió que aquí se ca...’" Corre más rápido que el hombre con el récord del mundo en los mil metros planos, como pocas veces en su vida, no como si se le fuera la vida en ello, sino algo peor, ¡la dignidad! ¡la honra!

Atraviesa la calle con dificultad, debido a los ataques involuntarios del cuerpo las piernas tiemblan y han perdido fuerza, y es que ¿quién quiere hacer fuerza? Si al menor esfuerzo todo puede salir... mal. Claro que en estos lugares el baño es para los clientes y en estos casos de presión la mente revoluciona a mil por hora, "¡ni madres! A mí no me pasa otra vez".

Así que entra sin ver los precios de nada, ya que un baño es como un hijo: jamás se niega ante nadie y es inapreciable.

-Dame dos tortas de pierna.

-¿Con todo?

-Siii- lanza un grito ahogado, la cara la tiene deforme y hace todo lo posible por no parecer desesperado- ¿Disculpa, y tu baño? p-a-r-a lavarme las m-a-n-o-s.

-Al fondo.

Entra como rayo al baño y... ¡no hay papel! Pasmado y haciendo un esfuerzo sobrehumano, toma un servilletero de una de las mesas de la fonda, su rostro refleja sufrimiento, es justo cuando está a punto de soltar por fin la penitencia que se da cuenta que el wáter se encuentra !tapado! Y lo peor, la palanca ¡no SIRVE! Ahí está con el pantalón a media nalga llenando la cubetita para poder destapar el baño. En shock, mira con angustia y dolor el "regalito" que alguien le dejó, y el cual parece reírse de él. En esas está, cuando encuentra aquel artefacto rústico que se usa para destapar el baño, aquel de goma con un palito de madera en medio. Sin pensarlo dos veces decide usarlo: ahí tienen al pobre diablo bombeando con fe, devoción y a medio cagar. Por fin ese ser amorfo se despide lentamente, como si sintiera nostalgia al irse... El sufrir había terminado, lo que siguió después fue un sosiego para el alma.

Han pasado tantos años con inventos monos pero altamente inútiles, y cuando estás lejos de casa debemos buscar un lugar acogedor y luchar contra la reacción automática del cuerpo, a la que la tecnología no le ha podido ganar.
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EN EL CAMINO A...

Mucha gente viene y va hoy en día en esta ajetreada ciudad, cada quien con su vida, sus problemas, con miles de historias que contar, historias que ocurren a lo largo de un día de trabajo o sencillamente camino hacia algún lugar.


"Estopa" corría de un lado a otro asustado, los carros iban y venían, trataba de esquivarlos. Era un acto de valentía, aunque por dentro se encontraba desorientado, estaba perdido, había visto la puerta abierta y el mundo exterior que tanta curiosidad le causaba de pronto se convirtió en una posibilidad tangible.

Por fin había logrado llegar a la acera, estaba a salvo, por lo menos hasta que en casa notaran su ausencia y salieran a buscarlo. Tanto ajetreo terminó con su imagen de bolita de algodón; ahora luce como estopa vieja, está cansado, triste y hambriento, el único refugio que encuentra es debajo de un arbusto.

Ella da vuelta a toda prisa en la esquina, tiene un compromiso y va retrasada, repasa mentalmente la disculpa que ofrecerá. En su camino ve un montón de estopa estorbando el paso, no hay tiempo de esquivarlo... Fue como pisar un globo con agua.

Cindi tenía hambre y aún faltaba para llegar a casa, "algo rápido y sencillo para calmar el hambre". De pronto, el olor a quesadillas acentuó su hambre. "¿Por qué no?", pensó. Se detuvo y ahí estaba, al lado del puesto, el hombre de sus sueños, como siempre lo había imaginado.

Él volteó a mirarla y quedo hipnotizado por ella. Pero la timidez los hizo presa. Una quesadilla de hongos y otra de flor de calabaza para el camino. Terminó la de hongos y se fue... él la dejó ir.

Dos cuadras después un retortijón la sorprendió, eran quesadillas de dos cuadras -sólo te deja caminar dos cuadras su efecto laxante-. De pronto frenó en seco y aquel hombre de sus sueños corrió hacia ella al ver que se detuvo, pero ella ya no aguanto más y echó a correr, porque era ahora o nunca, más valía decir "aquí corrió" que "aquí se ca... se cayó del dolor".

Subió las escaleras de aquel puente en busca de un baño del otro lado de la calle, dejando a su paso, como una Cenicienta, como recuerdo de aquel encuentro con el ser amado, una quesadilla de flor de calabaza al pie de las escaleras.

Estaba muy nervioso cuando llegó a ver a la tarotista. No creía mucho en esas cosas, pero hay que intentarlo todo, qué más daba. Paco era un hombre serio, de familia, un desempleado más. No había recibido ninguna llamada de todas las opciones de trabajo que tenía para solicitar.

Así, cuando vio a Zuzana "La Emperatriz" le pareció que no tenía ya nada qué perder. La anfitriona-una señora regordeta con un inseparable suéter morado- le pidió barajear las cartas y ponerlas en varios mazos. Acto seguido, le pronosticó un futuro no muy alentador, por lo que Zuzana sugirió un servicio más completo, digamos que un WiFi al futuro, no por un módem, sino más bien por un medium, ella.

Paco aceptó la conexión: cualquier cosa que le dijera que todo iba a estar bien. Esta conexión tenía un costo extra de 120 pesos más. Así que comenzó a entrar en trance y tras unos minutos Zuzana exclamó ante la mirada atónita de

Paco:

"En tu vida veo que una mujer regordeta, de suéter morado, cabello corto y castaño te va a proporcionar dinero. Es más, tú mismo lo tomarás de la cartera que tiene sobre sus piernas debajo de la mesa..."

Cuando Zuzana despertó, se dio cuenta de que la tarotista que entró en trance terminó transeada.

Caminaba por la calle cuando todas las miradas comenzaron a centrarse en ella, a cada paso que daba la seguridad la invadía, iba caminando al Metro y sentía que partía plaza: "Qué bárbara, con qué pegue amanecí hoy".

Entonces su caminar se hizo más sensual, los hombres que venían frente a ella no le quitaban la vista de encima y al pasar junto a ella le lanzaban una mirada pícara y una sonrisa. Los que venían detrás de ella, al momento de alcanzarla, la miraban a la cara y volteaban a verla de forma descarada.

Quizá era su rostro, el top que tenía puesto, el entallado pantalón que llevaba, su cabello, la sonrisa que dibujaba e iluminaba su rostro... o tal vez, por qué no, las feromonas, la lonja de jamón serrano que salía por arriba del pantalón... o podría ser el calzón mata pasiones NEGRO que asomaba por el pantalón y era visible a distancia.

[continuará...]
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¿DON SERGIO?

Hay seres cuya vida nos inspira, otros que sólo es una línea recta, y algunas más, aunque no inspiren y sean tal vez aquellas con más errores que cualquier otra, que resultan únicas y muy interesantes, dignas de ser contadas.

Se disfruta el oír cómo han ocurrido, porque simple y sencillamente vienen a cumplir el principal objetivo... "vivir". Una vida así ha sido la de Don Sergio, uno de los seres más groseros e irreverentes que alguien puede conocer. De carácter fuerte y sin pelos en la lengua se ha mostrado al mundo.

-¡Deja de estar ahí pendejeando y ven a saludarme! ¡¿Qué esperas?! Quita esa cara de pendejo que te cargas y muévete!

-Ya voy, nada más no sea tan grosero- es lo que la mayoría de las personas, si no es que todas, contestan asustadas.

Como comprenderán, no es del agrado de muchas personas -aunque por lo general nadie se atreve a decirle algo en la cara-. Para mí es de admirarse: que le valga lo que piensen los demás, sin dejar que influyan en sus decisiones, no ceder a chantajes y sentimentalismos, no vacilar, ser siempre él.

Su vida ha estado llena de peligro, ese peculiar modo de ser lo ha hecho protagonista -junto con su compañera de vida, Paz- de historias llenas de balas, sangre, adrenalina y, sobre todo, muchas groserías.

En más de una ocasión han atentado contra su vida, y él siempre va contra todo pronóstico. Porque creo que esas historias son para recordar, aquí esta la primera. Eran los tiempos en que nuestros protagonistas dedicaban la mayor parte del día en atender un restaurante que hacía poco habían abierto.

Contaba con música en vivo y ésto había logrado atraer a un buen número de personas, pero no salgamos de la historia: los lugares vecinos ya comenzaban a sufrir por la falta de clientes, incluso algunos de ellos cerraron al poco tiempo, aunque siempre hay quien no se resigna a perder, o por lo menos no a la primera de cambio.

Era sabido por todas las personas cercanas o asiduas al lugar que la familia de Don Sergio comía en la parte superior del restaurante y que incluso algunas veces él atendía personalmente la barra a cierta hora del día, regularmente cuando los meseros y demás personal comían. Así, uno de tantos días, los músicos se encontraban tomando un descanso, y Don Sergio se dirigió para tomar su lugar detrás de la barra.

-No, Don Sergio, permítame, yo lo atiendo- dijo uno de los músicos al tiempo que lo invitaba a tomar asiento.

De este modo Don Sergio quedó sentado frente a la barra como un cliente cualquiera, y es apartir de ese momento en que las cosas ocurren de una manera acelerada y cuando en la escena domina el desconcierto y quizás cuando el destino -si se cree en él- juega un papel determinante.

Recordemos que la familia se encuentra en la parte superior comiendo, los músicos descansan y junto con el personal se encuentran ingiriendo los "sagrados alimentos", otro más está detrás de la barra atendiendo, cuando entra tranquilamente un hombre, se dirige hacia la mesa del personal, pregunta algo y la cocinera responde con la cabeza en un gesto que indica hacia la barra del lugar.

El tipo se sienta serenamente frente a la barra, a un costado de Don Sergio, lo mira a los ojos, después fija la mirada en el músico que se encuentra atendiendo, regresa la mirada una vez más a Don Sergio y asiente con la cabeza, el músico mira extrañado al hombre, que en ese momento habla para pedir sólo un refresco con hielos. Nadie desconfia, ni siquiera imaginan lo que va a suceder en dos minutos más.

Se repite el intercambio de miradas, mientras el refresco es servido de manera ágil por el músico. El hombre mira pensativo el vaso, cómo suda debido a los hielos y el calor del día. Queda un minuto para que sucedan las cosas y uno más para que todo haya terminado. El hombre mira al músico y pregunta:

-¿Don Sergio?- rápidamente mira de nueva cuenta a Don Sergio y regresa la mirada al músico, quien no dice nada, simplemente se limita a mover la cabeza de manera afirmativa. -Mucho gusto.

El tono utilizado en esta frase es totalmente indiferente. En ese instante el hombre se levanta de su silla, saca una pistola, apunta al músico y dispara a quema ropa. La descarga de adrenalina, los nervios y la fuerza de los disparos lo hacen dar varios tiros perdidos. Una mezcla de miedo y asombro se apoderan del lugar, Don Sergio se avienta hacia las escaleras que conducen al primer piso, cuando se percata de que Paz viene bajando muy asustada.

-¡Regrésate! ¡Con una chingada, regrésate, yo voy detrás de ti!

No se apunta a ningún otro lado, sólo la barra sufre toda la descarga de la pistola, el músico fue derribado por una bala en el hombro y gracias a eso pudo resguardarse detrás de la barra. El hombre termina con todas las balas de la pistola y una vez que los meseros y músicos se percatan de que el peligro terminó, se incorporan decididos a responder al inesperado ataque, mientras en la parte superior del restaurante, el coraje se apodera de Don Sergio, quién baja decidido a cobrarse el daño.

-¡Ahora sí hijo de la chingada!- grita Don Sergio al tiempo que baja las escaleras- ahora sí vas a saber quién es Sergio.

-¿Don Sergio? - exclama confundido el hombre.

El hombre se da cuenta del error tan grave que cometió: su objetivo era Don Sergio y en vez de eso hirió a un músico que no tenía que estar atendiendo la barra ese día. La barra era tarea diaria de Don Sergio, no pensó en el factor variable. Ahora tenía no sólo a un Sergio muy molesto, también a todo el personal del restaurante. El pánico lo invade, arroja la pistola y huye del lugar, seguido por varios miembros del personal del lugar. Tres músicos corren a auxiliar a su compañero, al tiempo que se llama a la ambulancia.

Don Sergio camina apresuradamente a su carro, acompañado por varios meseros armados con tubos y botellas. El hombre, quien corre a todo lo que sus piernas lo pueden hacer, está aturdido por tanto miedo y no se percata que no dobló en una calle como él pensó, sino en un callejón. El carro le da alcance y lo acorrala, se detiene y bajan de él sus pasajeros. El hombre pide perdón, suplica consideración, tan sólo cumplía con un trabajo. Es inútil le espera por lo menos una senda golpiza, en el mejor de los casos.

Mi abuela dice sabiamente: "cuando te toca, aunque te quites, y cuando no te toca, aunque te pongas".
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LAS OLIMPIADAS ESTAN EN EL METRO

De la inspiración y vivencia de Iker, en manos de Emma y el característico estilo de ¡Sí...Soy YO!


Ha sido un largo peregrinaje por esta ciudad. Día y noche, una y otra vez viendo lo mismo. Esta rutina hace que dejemos de percibir los valores humanos y de la lucha diaria que emprende la gente en sus caminos hacia su destino. El día de hoy me di cuenta de uno de los mayores, sino es que el más grande valor de esta salvaje ciudad.

Así como también aclarar que los verdaderos atletas olímpicos se encuentran aquí, contrario a lo que la gente piensa las olimpiadas no son cada cuatro años en sedes diferentes alrededor del mundo, en realidad se llevan a cabo en la red -instalaciones y medios- de transporte público, o lo que es lo mismo, en las estaciones y vagones del metro.

Las cosas estan así...

Me encontraba en ese "efectivo" Sistema de Transporte Colectivo...Que es el Metro. -Quisiera que las autoridades se subieran algún día a las siete de la mañana o doce horas después en estación Hidalgo a ver si en verdad les parece tan efectivo.- En esas estaba cuando, en el vagón se desocupó ese asiento solitario que está al lado de las puertas. Alrededor de él se encontraban tres señoras: la primera vestía un mandil a cuadros con las bolsas llenas de servilletas, un vestido con flores y un chaleco de estambre; la segunda tenía una de esas blusas de transparencias "sexies" que no dejan nada a la imaginación, y permiten ver las curvas femeninas que Dios, los hijos y sobre todo la comida les dio; la tercera no tenía más característica que una gran bolsa de mandado de la carnicería “La Chiquitina”.

Analicemos la situación: Como primer punto tenemos un transporte colectivo que es especialmente ocupado por gente de poca cultura -o jodidos como yo - que viven lejos de su trabajo; segundo, se desocupa un asiento frente a tres personas ansiosas del mismo; tercero, los asientos –se supone- están destinados al sexo femenino y más aún si rebasan los 40 años. ¿Qué creen que sucedió?

¡Adivinaron! Una lucha por el asiento. La señora del mandil y chalequito dio un giro de 180° al frente con 5.6 grados de dificultad en T - toda, toda, toda su humanidad-, tratando de posicionar sus nalgas en un ángulo de 45° para dejarlas caer sobre el pobre plástico del asiento. En ese preciso momento es detenida por la desvergonzada de las "sexies" transparencias, quien ejecutó perfecta, una maniobra de giro inversa con tira buzón en posición "D", de... "atrévete a sentarte y ya verás". Aunque no es sucficiente para alcanzar el asiento, pues ambas quedan perplejas por la gran astucia de la tercera, ya que ocupa el implemento proporcionado por la carnicería “La Chiquitina” para apartar el lugar desde su lejana posición.

Saboreaba la victoria cuando en un sorpresivo suceso las tres terminan desconcertadas, un astuto niño - cuyo ambiente del metro es ya como su casa- se cuela debajo del tubo transversal y ocupa el tan valioso asiento. Las tres mujeres se miran sorprendidas, con el mayor odio que un humano puede sentir. Momentos después, las féminas lanzan una mirada inquisidora al niño quien, burlonamente, finge entrar en un sueño de ondas cerebrales lentas.

Fue ahí donde deduje que uno de los más grandes valores en esta ciudad es un asiento. ¿Por qué?:
1. Un asiento da poder. Este tal vez sea el principal motivo de lucha por un asiento. ¿Cuántas señoras no habrán sido "deschongadas" y cuántas otras habrán perdido las uñas por sentir un poco de poder, que en sus casas sólo es administrado a través de la cantidad de alimento que pueden preparar y consumir?

2. Un asiento, al dar poder, da status: Alguien común y corriente, pasa a ser un verdadero pasajero y deja de ser uno de los “del montón” que se encuentra parado peleando por cinco milímetros de espacio; ese status como pasajero le brinda al beneficiado ciertos derechos sobre los demás: El poder de no ser comprimido o de tomar una siesta ante un público humillado y envidioso de dormir, aunque fuera, cinco minutos más antes de llegar al trabajo. Un pasajero puede voltear y burlarse de la banal lucha que se lleva a cabo en los pasillos del metro, donde las técnicas de Judo, Tae Kwon Do y lucha libre parecen cosa de niños.

3. Un asiento da salud mental: Sí, es evidente que el asiento dará un poco de alivio a los aquejados de enfermedades como varices crónicas, pie diabético, vasculitis de diversos tipos, etcétera. Pero a cualquier persona le sirve como el más certero antidepresivo o tranquilizante -por encima incluso del Diapezam-. Un asiento da la tranquilidad al pasajero de que no le sacarán la cartera, lo(a) manosearán, apretarán, pellizcarán o cualquier otro de esos plus que nos da el viajar en el metro.

4. Un asiento da perspectiva: Al estar más tranquilo y sentirse poderoso, el pasajero puede planear mejor su día, leer sus apuntes –en caso de que sea estudiante o un lector ávido-, terminar sus tareas, tejer, prepararse para el cambio de estación, para el descenso -aquí aplicará las más diversas técnicas de atletismo- o por lo menos platicar con el compañero de manera más tranquila.

5. Un asiento da felicidad: Al planear el día, terminar los quehaceres, dormir un poco más o, si quiera, descansar del molesto proceso de viajar por la ciudad, el pasajero se siente muy distinto de todas aquellas personas que sólo piensan en aquel que los empuja o a la que vienen oliéndole la axila. Esto me hace formular la siguiente teoría, los mexicanos ¿seremos expertos en aromas de desodorantes?

Y así como estos breves puntos podríamos sacar muchos más. Tal vez ahora pueda comprender el porqué la gente puede ponerle un altar al asiento del metro y cómo, a pesar de que se dice que “un hijo es el regalo más preciado del cielo”, palidezca ante semejante valor, pues son los hijos una clase de proyectiles dirigidos a la caza de los asientos que se desocupan, aunque en el intento puedan quedar aplastados por un par de nalgas, sin la menor educación, urgidas por descansar. Que no hay mejor entrenamiento para una olimpiada como lo es el transporte público, donde se necesita fuerza, coraje, voluntad, resistencia, agilidad, concentración y sobre todo paciencia para llegar a un lugar. Si te encuentras con un asiento desocupado considera el gran valor, mayor que cualquier moneda que pudiera encontrarse en tus pantalones. Vea en un asiento, un trozo de oro de esta salvaje ciudad.
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DEME PRECIO JOVEN

Vacacionar es mucho más que simplemente salir a disfrutar de unos días libres, descansar, pasar un rato agradable... Es algo más que eso, se convierte en un estilo de vida y el estilo de vacacionar depende de un factor determinante: la personalidad del sujeto a vacacionar. Los individuos que suelen aprovechar las vacaciones de los niños y se mueven en excursiones. Este grupo en lo personal es el que más llama mi atención, pues normalmente se muestra o aparenta amplia experiencia sobre viajar.


-¡'Ira, ese de ahí es el mar!

-¡Ahhh, se ve bien azul.

Así son esas personas que salen con poco menos que lo indispensable de sus casas, aun cuando no tengan dinero, no desaprovechan ninguna temporada, gustan por lo extremo, es por esta razón que en algunas ocasiones salen con el sueldo de la quincena que está corriendo, para averiguar después, al regreso, cómo le harán para pagar las deudas.

Su kit de playa se compone de una súper bolsa, que ocupa medio asiento, bronceador, silla plegable, toalla, pareo y, en algunos casos, cangureras.

En el caso de los hombres la camisa suele ser blanca de algodón, escotada, lo que les permite mostrar el pelo en pecho, aquel que aunque no lo parezca tiene un uso muy útil: atrapa morusitas -cuando comen todas quedan atrapadas en el "pelambre"- todo esto sin el menor sentido de la estética e higiene.

Sándwiches blandos por el sol, sudando en la bolsa, el termo de agua y, claro, la bolsa de mandado que ostenta la leyenda "Pollería el Güero".

Tampoco faltan los patrocinios en las gorras, como constructoras, refrescos, tiendas de pinturas, etcétera. Los cadenones de oro con la cara de Cristo (llevan 7 kilos de oro al cuello y aún así pueden flotar -bueno, con tremenda panza no tendría por qué sorprenderme).

Llevan el estéreo a todas partes, lo colocan sobre la mesa y lo hacen sonar a todo lo que da. ¿Por qué no optan por los audífonos? Dejen de aturdir a la playa con sus gustos musicales -los cuales, por respeto a los lectores, prefiero no mencionar-.

Algunas señoras con hijos en edad de merecer enseñando los jamones muy orgullosas, acompañadas de una rosa despintada en el hombro (en el mejor de los casos) o a un gordo con un tatuaje en tinta azul, de esos muy caseros de algunas iniciales.

Los que traen el pelo amarillo, que tienen el descaro y cinismo de afirmar que es por el sol. Quieren ser rubios y se ponen agua oxigenada y no se acercan ni remotamente al clon región 4 de David Beckham. El clásico niño Brayan, con 11 años, flequito y colita de pelo decolorada... las sombrillas de Coca-Cola, su bisutería de plástico en colores muy vivos como verde pistache, rosa muy mexicano, fucsia... tienen miles de pulseras, collares, súper anillos -resulta imposible hundirse con tanto plástico.

Toman mucho sol para presumir sus vacaciones y siguen tomando sol así esten como llanta -en toda la extensión de la palabra- no les importa dormir como caballos, parados y todos acartonados. Claro que ellos pasean con suma seguridad por las calles, en sandalias y calcetines, rojos como camarones y con las típicas trencitas, bobeando de un lado a otro sin la menor preocupación. Su cara los delata, ya que no la pueden mover de lo achicharrados que están.

Buscan los mercados para comer o algunas tiendas para hacer las compras: varios cartones de leche, paquetes de galletas y uno o dos six de cervezas como minímo, y al final de su primer día se dirigen al hotel a rentar una habitación, con la falsa esperanza de encontrar un precio bajo por la hora y con toda la disposición de regatear.

-Deme precio joven, ándele pa' que rente algo.

-Lo siento, esos son los precios no podemos bajarlos.

-Ahhh, mirá como eres, no seas malo, échame la mano.

-Venimos desde lejos, imagínate los chavitos, cómo se van a dormir en la calle.

El verano se irá y con él los vacacionistas, pero esta historia se repetirá la próxima temporada de descanso escolar, o si ocurre primero, en algún puente largo; al final siempre tendrán algo que empeñar, todo sea por pasar un rato "agradable" en compañía de la familia, pues lo bailado ¿quién se los quita?

"Más vale pedir prestado que no vacacionar"

Así es este grupo de personas, preparan sus vacaciones, hacen la comida con anticipación, llenan la hielera devotamente, llevan lo último en música, preparan su maleta con varias bermudas y ropa ligera, lentes de sol, pero desgraciadamente les es imposible reservar una habitación o por lo menos ahorrar un poco de dinero para tener unas vacaciones medianamente respetables.
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TERROR EN LA RED Vol. 2

¿Me FiiRmAz El MeTroOo...?

Navegar en Internet implica una serie de riesgos importantes: iniciar sesión en Messenger, que te salude alguien aburrido del otro lado del monitor con la intención de hacerte plática, checar los 327 correos nuevos, darte cuenta que son correo cadena de esos que pesan cinco megas y seguramente de alguna presentación en Power Point acerca de algún milagro de la Virgen Olímpica de la Redención..., y si cuentas con amigos que tienen el mentado Metroflog ya te fregaste, porque tienes 300 correos con el mismo asunto: "Te invito a ver mi metroflog". Con suerte tendrás cinco correos de algunos buenos chistes.


El Metroflog es otro de los terrores en la red, ese sitio al que subes fotografías y cuyo objetivo principal es contar una historia, un día en tu vida, algo relevante, un momento. Aplica el dicho: "una imagen dice más que mil palabras", aunque en estos sitios hay algunas imágenes que te dejan sin palabras...

La gente sube imágenes sin sentido de equipos de futbol, prediseñadas, chistes... Aunque, como ya decía, son mucho más respetables que aquellas en las que aparece gente (fea) semidesnuda en poses muy comprometedoras.

Este sitio es un poco más público, no tiene restricción alguna, cualquiera puede publicar comentarios a diestra y siniestra. Los niveles de popularidad se miden por el número de comentarios al día que puedes tener, y es aquí donde los problemas inician, pues todo mundo se pelea por ser el primero en firmar, porque esperan que las firmas sean retribuidas. Pero no conformes con eso te atascan de "spam": el correo pidiendo -algunas veces rogando- que firmes "metros" de Dios sabe quién.

-Que onda, oye firmame mi metro porfis. (sic)
- ¿¿¿ ... ???

Es el inicio del contraespionaje casero, atentan contra la mente, es un bombardeo psicológico de grandes enemigos, que son todos tus parientes, conocidos y compañeros de trabajo. Te atacan por medio de imágenes, sonidos y comentarios. El querer publicar tu vida privada con fotos comprometedoras, arriesgarse a un comentario de mal gusto, y cómo no, después de los colores que escogen para decorarlo: amarillo tipo señal de carretera, rosa mexicano muy encendido, ¡con letras rojas! Es toda una proeza soportar más de cinco minutos viendo algo así y no quedar ciego.

Se atenta contra la salud mental de los cibernautas, que se exponen a la luz pública con fotos bochornosas, y una vez más caen en el yoísmo. No hay producción, imaginación, encima de todo te piden firmar su sitio y ahí estás, comprometida a pensar en los comentarios que vas a dejar, porque es tu amigo y ni modo de defraudarlo. Entonces decides hechar un vistazo a los otros comentarios y ¿qué encuentras? Comentarios estúpidos, absurdos, llenos de figuras y signos que entiendes por partes, firmas unineuronales de gente comentando por mero compromiso, a la que seguramente en tú vida has visto e intercambiado más de cinco palabras.



Las formas de escribir en estos sitios cada vez tiene menos sentido. A mí que me expliquen ¿por qué poner dobles letras? ¿Acaso es una forma de "enfatiizar" las palabras? ¡QUE ALGUIEN ME EXPLIQUE!
Es una epidemia que cada vez ataca a más personas, y es que el escribir "azii, cambiiando las letraz, comiiendote laz palabraz, zólo es para ponerle en la madre al idiioma y la fonétiica como zii no exiistiieran reglas, y fueran hechas zólo para perder el tiiempo".

Visitar páginas molestas, de gente fea y semidesnuda, con colores vivos que no me permiten estar más de dos minutos porque puedes quedar con severos daños psicológicos, querer actualizar tu página con veintemil aplicaciones que te encuentras por ahí y se ven monas (no creo que mi LAN opine lo mismo al descargarlas), ya es demasiado trabajo para el colmo tener amigos que no se conforman con el Hi5 y abren Metroflog y te piden que los visites y comentes. No saben el trabajo que implica pensar en un comentario profundo e inteligente -o que al menos lo parezca- sobre una imagen que la mayoría de las veces no me dice absolutamente nada (por lo menos nada agradable o constructivo), aún cuando los demás comentarios parecen hechos con sólo dos neuronas... y drogadas.
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TERROR EN LA RED

¡No Me HaZ dEjAdOo CoOmEnT eN eL Hi5!

Ya estoy cansada de dar veintemil explicaciones y de recibir correo basura en mi bandeja electrónica a diario que sólo pertenece a dos remitentes: Hi5 y Metroflog. Sé que quizás piensen que soy un ser cibernéticamente antisocial, una ermitaña virtual, pero creo fervientemente que nadie debería dejar abierta la ventana de su intimidad.
-¡No me has dejado ningún comentario en el Hi5, eh!

Ese es un ejemplo de los tantos reclamos que más he leído en los últimos meses por Messenger, al igual que el montón de mensajes masivos en la página de inicio del Hi5 desde que entré en este inmenso mundo de las páginas personales y las redes sociales. Una vez que les contesto sobre mi postura ante estos sitios y sobre dejar un comentario o agregar a alguien, se ofenden, pero igual no quito el dedo del renglón ante mi opinión: estos sitios no están hechos para que la gente te atasque de mensajes, invitaciones y aplicaciones y cuanta mugre más aparezca, sino para compartir gustos, aficiones y quizás algún buen momento en tu vida.

Luka en alguna ocasión dijo acertadamente: "Yo no dejo comentarios por dejar, ni pido que la gente me deje uno ni mucho menos; cuando lo hago es porque los estimo y me nace hacerlo, del mismo modo las personas que me comentan".
Y es que, ¿para qué quieren que una escriba cosas cuando no te nacen?, ¿para dejar comentarios unineuronales, hipócritas y silvestres, como los que aquí pongo al azar y de los cuales seguramente hay miles?
"Hola, espero que seamos buenos amigos y tambien ahi te tengo como amigo principal! saludos y feliz fin de semana!"

"hola niñ@ como estas?? espero k zuper, y k cuentas??!"

"hOOOlaaa!!!! xikuel@ mm...ps graxias x tu cOmen ehhh!!!!!!!! ps aki andO devOlviendO TU cOmen y esperO tes muy mien mm... ps cuides muxO OK MM.. BEZOOZZ!!!"

"solo paze por aki a zaludarte" "Hola grax x l coomnt..! "

A mí nadie me convence de que "esos" son comentarios, no hay sentido en las palabras, son vacios, hipócritas, a leguas se nota que les da flojera escribir, no terminan las palabras.


Los Hi5 pueden dividirse de manera general en dos grandes grupos:

Aquellos que tienen colgado hasta el molcajete: por ejemplo, las catorce mil fotos, de las cuales el 98% es de los diferentes ángulos de su rostro, de frente, tres cuartos, de perfil, etcétera. Animaciones, videos de YouTube, slideshows y toda la bola de aplicaciones las cuales, por si fuera poco, tardan horas en cargar. Encima de todo, la reproducción de música en automático de alguna canción conocídisima (que por cierto como me c... pone de malas).


¡Caramba! ¿Cómo sabe esa gente si yo estoy escuchando música, o en algún lugar donde se debe guardar silencio? Y de repente, suena a todo lo que da alguna canción de reggeatón, banda o rock... Por favor tengan consideración, ¿por qué reggeatón? Entiendo que pueda ser su canción favorita... ¡pero no tiene todo el mundo la obligación de escucharla!


Entre los álbumes se incluye la clásica y desde ahora patentada "Foto para Hi5", que consiste en el perfil del rostro a tres cuartos, inclinando la cabeza y colocando la mano 45° hacia arriba, ojo coqueto, levanta una ceja, flash y ¡listo!



Aceptan a cuanto fulano se les aparece enfrente y después a pagar las consecuencias de tales actos, porque tienen atascado el correo de un solo remitente: info@hi5.com, con avisos sobre invitaciones para aplicaciones, sugerencias de amigos, comentarios de gente que les agradece el "add" y ahí están ellos escribiendo como locos y contestando comentarios vacios y sin sentido, por puro compromiso.

¿No es hora de decirles, de una vez por todas, que es absurdo el tener 2747 amigos y no conocer ni a cien de ellos? Acaso piensan seguir el consejo del cantante Roberto Carlos: "Yo quiero tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar!"??? ¡Pffff!

Los Hi5 pobres con fondo blanco: suelen tener fotografías de animes y caricaturas en el mejor de los casos, en otro la silueta predeterminada de un hombre -en azul- y de una mujer -en un tono naranja- según sea el caso. En muchos sólo hay tres fotografías que seguramente tienen años -algunas de la infancia feliz- ¡escaneadas!

No me quejo, muchas veces éstas son mucho más respetables que las de aquellos a los que no les importa perder la poca privacidad que les queda, optan por la auto humillación: fotos horribles como portadas de revista ¡es nefasto!, si uno de por sí ya está más que tirado al traste ¿por qué rematar? ¿por qué patear al hombre caído? Sólo es una muestra del poco aprecio que tiene la gente por sí misma, que exhiben lo peor de sí.



Una es quién paga las consecuencias, deberían estar prohibidos para algunas personas estos sitios, o por lo menos mandar un mensaje emergente antes de abrir esa página: "El siguiente sitio puede dejar cicatrices emocionales profundas, entre bajo su propio riesgo" Es una foto que se va a exponer al público, ¡por favor tengan en cuenta eso! Por lo menos busquen una foto decente.



Hacer caras al tomarse una foto, yo sé que es díficil resistirse -he pasado por eso- pero hay unas que no tienen el menor perdón, sí, sacas la lengua o alguna cara chistosa, tal vez no te la toman en el mejor momento, parece que existe gente que aún no sabe eso... ¡Por favor! Uno escoge entre un gran portafolio la foto que se va a subir, que sea graciosa, mas no que ofenda.


¡¿POR QUÉ FOTOS PSEUDOROMÁNTICAS?! ¿Cuál es su concepto de romanticismo? Eso no es ser romántico, no tengo más que decir: "rompen en mil pedazos al romanticismo, ¡que manera de darle en la mad$#% al amor!









La clásica foto de la botella, de la copa, las borracheras, lejos de ser alcohólicos anónimos son un nuevo gremio: "borrachos conocidos". La gente se está volviendo exhibicionista. ¿Por qué ponerse el precio? Se etiquetan solos, una imagen dice más que mil palabras ¡Juzgue usted! (después de ver esta imagen, la inspiración se me fue intempestivamente...)







[continúara...]

...Las faltas de ortografía, el golpe mortal a nuestro idioma, a la vista, el "yoísmo" ¿Qué nos espera? El metroflog, el contraespionaje casero, atentan contra la mente, es un bombardeo psicológico de grandes enemigos, que son todos tus parientes, conocidos y compañeros de trabajo. Donde te atacan por medio de imágenes, sonidos, comentarios...
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CON EL CEÑO FRUNCIDO

En casa existe el miembro de la familia que siempre quiere contestar todas las llamadas, aquél que tiene síndrome de recepcionista o de emplead@ de telemarketing. El trabajo ideal para este miembro de la familia es en Locatel, el problema es que ni los recados saben dar bien y a tiempo, o nunca apuntan nada.

Pues resulta que yo soy ese miembro de la familia. Es que es algo incontrolable, algo que simplemente se da. Es como en automático: escucho el teléfono sonar y me levanto como bólido gritando "yo contestooooo", "yo voooy". No dejo que suene más de dos veces, es una regla. Paso por encima de todo sorteando obstáculos y me siento frustrada cuando suena más de lo debido.

Y esa mañana hubiese no querido ser yo quien contestara ese teléfono. La llamada que recibí juro que en mi vida la hubiera adivinado, ni siquiera esperado, fue totalmente sorpresiva. Me encontraba desayunando muy amenamente, fin de semana aburrido en casa de la abuela, había sido la última en desayunar y me estaba tomando mi tiempo, cuando entró la llamada.

"Yo contestooooo"- me paré más rápido que una bala. Sonó una segunda vez y contesté.
-¿Siii?-¿Bueno? ¿quién habla?- decía del otro lado una voz angustiada.
-¡Yoooo! ¿quién más va a ser?- no puedo evitar decir estúpideces por teléfono.
-¿Ema?
-¡Sí!
-Habla tu abuelo.
-¡Ahhhh holaaa! ¿cómo estás? ¿qué haces?- tan aburrido era mi día que estaba dispuesta a platicar de cualquier cosa.
-Bien, nada, nada aquí trabajando- decía angustiado.
-¡Qué bien! Y dime, ¿qué dice el trabajo hoy? ¿No es un poquito temprano aún? ¿Estás aburrido, por eso marcaste?- en mi caso estaba bastante aburrida.
-Hija, llevo prisa como para ponerme a contestar tus preguntas- me dijo un tanto enojado- Dime ¿quién esta en la casa?
-Ya nadie, todos se fueron a trabajar, sólo yo, ¿por? ¿Se te ofrece algo
-Mmmm... mmmmm- murmuraba un poco nervioso.
-Ay, abuelo, ya dimeee, que me tienes preocupada- ese asunto comenzaba a desesperarme.
-Bueno, mira, lo que pasa es que...- silencio- es que... es que...
-¿Qué? ¡ya suéltaloooo!
-No quiero que digas nada, porque me entero que alguien sabe lo que te dije y olvídate de estar en el testamento- me advirtió seriamente.
-Mmm... está bien, te lo prometo. Ahora sí dime ¿qué te traes?
-Bueno, mira, lo que pasó es que se chorrearon mis frenos...- dijo sumamente preocupado-
-¡Ay, no me digas! ¿Te accidentaste? ¿Pasó algo grave? ¡Contestaa!- exclamé muy preocupada.
-¡Pendeja!- me gritó furioso- ¡Necesito un pinche pantalón!
-¿Por qué?- pregunté extrañada- ¡ya me hice bolas! ¿No que se te chorrearon los frenos?
-¡Con una chingada! ¡haz lo que te digo!
-Abuelo, pero quiero saber si estás bien. Dime, ¿no chocaste contra nada?, ¿te cortaste?, ¿estás herido? ¡Dime!- hubo un largo silencio y después la noticia...
-¡Me cagué!
-¿Cómo que te ca...? ¿Quéeee...?- estaba a punto de gritar.
-¡Que te calles! Tú sólo haz lo que te digo.
Colgó...
Quedé perpleja, no sabía qué hacer, ni siquiera estaba segura de lo que había escuchado. Colgué el teléfono. No alcanzaba a comprender qué era lo que sucedía. ¿Había escuchado bien? Decidí no pensar más y llevar lo que me había pedido. Después de todo él sabía por qué lo pedía.

Así, presurosa, llegué hasta su trabajo. Cuando lo vi sentado en el cofre del carro me acerqué y noté su cara de angustia. Traté de no verme muy preocupada, aunque me comiera la curiosidad por dentro. Me hizo una seña para acercarme a él, le di el encargo, lo tomó presurosamente y me ordenó que me marchara. Su expresión era un juego de sentimientos entre la angustia, el enojo y un dejo de frustración. Fue ahí cuando me di cuenta de todo... "¡Se le habían chorreado los frenos!

No pude evitar sonreír mientras asentía con la cabeza. Me dio una de esas miradas que lo dicen todo: "Ríete, sólo ríete y ya verás cómo te va". Por lo cual conservé la calma hasta que al dar media vuelta mi sonrisa se hizo más amplia y al subir al auto solté la carcajada como pocas veces en mi vida.
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EL PAN NUESTRO DE CADA DIA

Algunas veces nos encontramos ante distintas situaciones en las que llegamos a perder la poca humanidad que nos queda. En esta ciudad, y para como están los tiempos, cada quién ve para su santo. Basta con ver el transporte público en las horas pico: no cabe ni un suspiro. Pero no, la gente a "wbo" quiere entrar, porque ya se le hizo tarde para llegar al trabajo o escuela.

Inconformes con la rutina diaria, buscan un pretexto para descargar ese estrés que almacenan día a día, a la menor provocación atacan. Normalmente todo es por medio de muy malas palabras y puede ocurrir en cualquier lugar.


-¡Hágase para allá que quiero entrar!- exclama un hombre apurado tratando de entrar en un vagón del metro. (son las 7:00 am)

-¿¡Qué no ve que no cabemos!?- dice muy enojado otro. Claro, como él se encuentra adentro le vale. -¡Mta! Si no te parece pues comprate tú pin(#3 carro.

-¿No ve que voy tarde?

-¡Párate más temprano entonces, no es mi culpa que te levantes tarde!

El hombre que se encuentra afuera comprende que será inútil discutir, la única solución posible es entrar por la fuerza; además está comprobado que el ser humano comparte una propiedad con los líquidos: toma la forma del recipiente que lo contiene. Empuja fuerte a todos los que ya se encuentran dentro, los pisa, e incluso, queda recargado en algunos de ellos... las puertas se cierran tras algunos minutos -los cuales parecen pasar bajo el agua, porque se hacen eternos-. El vagón avanza mientras se dirige no sólo a una estación más, sino una nueva escena.
La semana pasada salí a comprar el pan, era la hora pico para comprar, la operación debía ser efectuada rapidamente porque me encontraba estacionada en un zaguán de esos "NO estacionarse. Se ponchan llantas gratis", así que no había lugar para contratiempos.

Entré a las 7:30 pm en punto, tome una charola y unas pinzas, justo cuando llegue al cajón de los bolillos me di cuenta de que estaba vacío, no había más que morusitas de pan. La sorpresa apareció en mi rostro, contuve mis prisas y me dirigí hacia el encargado de la caja registradora para preguntar:

-Disculpe, ¿no sabe a qué hora van a estar listos los bolillos?
-Uyyy, como en unos 20 minutos y es la última orden del día.

Era demasiado el tiempo de espera, la gente comenzó a llegar. Pronto ya había un chi/&%$!@ de personas, todas esperaban lo mismo que yo, el codiciado pan. Pasé a un estado de desesperación: pinzas y charola en mano veía pasar uno a uno los minutos, miraba hacia el corredor, donde se encuentran los hornos, con la esperanza de ver aparecer las charolas llenas de pan.

A cada minuto que pasaba llegaba más gente. Todos se arremolinaban junto al cajón, se veían unos a otros con fingida cortesía, me miraban y la indiferencia les contestaba cortantemente. Pensaba en meterle su pellizcada a dos que tres con las pinzas si me querían arrebatar el pan. Ni madres (no es una frase que yo use, pero ese día estaba muy molesta y me salió del corazón), yo había llegado primero. Pellizcos en sus partes nobles, "pellizco, vuelta y suelto" "pellizco, jalo, vuelta y suelto".

Más de 20 minutos ya habían pasado y nada. Ese lugar ya era un tumulto de gente, parecía que regalaban algo. Temía por las llantas del coche, pero si me movía de mi puesto en la trinchera, se iría al carajo todo el tiempo perdido. Ya no había otra salida: esperar en pie de guerra hasta el final. Tras 10 minutos más de espera, salió el pan y fue entonces que la cacería comenzó.

La gente se avalanzó como leones sobre él y al ver esa reacción yo perdí también toda mi cortesía. Sin pensar dos veces, literalmente me lancé y jalé una de las charolas para sacar pan. Al momento de tomarla tres bolillos cayeron en manos de un tipo que se encontraba enfrente de mí, él no se dio cuenta, pues estaba muy concentrado tratando de ganarle el pan a otros. Con todo el descaro del mundo exclamé: "éstos son míos", al tiempo que tomaba con las pinzas el pan para pasarlo a mi charola.

La gente se acababa de volver loca, cada vez quedaba menos racionalidad. Cuando vi ya no había más que una charola completa. Más tardé en reaccionar que la gente en avalanzarse sobre esas últimas piezas de pan. Cegada por la prisa, miré de reojo al tipo frente a mí. Aún estaba distraído consiguiendo su pan y como a mí sólo me faltaban otros dos bolillos para cubrir mi cuota y largarme de ahí, vilmente me los "apañé", y entonces, con la tranquilidad de quién nada debe, fui hacia la caja dejando al pobre hombre pelear por los bolillos.

Huí lo más rápido que pude, consciente de que por un instante caí en el salvajismo de esta ciudad.
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MI MEJOR EPOCA




Hay tanto que contar del Colegio, que no me alcanza un mes para terminar: compañeros, amigos, maestros... por favor, son siete horas de lunes a viernes, durante casi doce años, por lo que he decidido hacer un resumen global de los hechos ocurridos en esta etapa. Es todo un acontecimiento, los convivios, las kermés, las pastorelas... cuando eres niño tienes a todas las maestras atentas y esmeradas montando las coreografías –años más tarde se termina el encanto-.

Al momento de la verdad se encuentran junto con tu madre frente a ti bailando la coreografía completa con la gracia de un oso polar. Con trabajos puedes pronunciar las “erres”, pero todo lo que sale de tu boca causa ternura, te ves divino en tu disfraz de angelito, de diablito... Es más, aun si eres un simple pastorcito, y no digamos en el desfile de primavera, disfrazado de abejita, flor o algún miembro del reino animal.
Las salidas al receso, en las que te abres paso entre toda la manada para poder ganar un lugar en la fila de la cooperativa, con todos tus sentidos en tu compra, ¿para qué te alcanza? ¿cuánto te sobra? ¿cuánto tiempo tienes para comerlo? ¿lo podrás guardar para disfrutar después, en clase?

Hoy es el momento de finalizar estas historias, de decir adiós y quedar en el pasado las anécdotas, los amigos, los maestros…
La escuela, la época en la que te formas, aquella en la cual comienzas siendo un niño y luego, después de unos años, descubres lo difícil que es ser comprendido, porque si bien no eres un adulto, tampoco quieres ya ser tratado como niño, eres algo raro que se llama adolescente, aquel ser que es infinitamente incomprendido, odiado y subestimado, a quién sólo lo entienden sus amigos.
A lo largo de estos doce años has cambiado de opinión millones de veces, todos creen que estas loco. Todos menos un reducido grupo de personas, que casualmente van en tu salón. Seguramente te has dado cuenta con qué facilidad puedes odiar y querer, odiar y volver a querer a esos "niños". Y cómo no, si convives más de seis horas al día con ellos.
Es aquí donde las grandes ideas y sueños se forman, es una fábrica de sonrisas, de lágrimas, de satisfacciones, de responsabilidades, de anécdotas, pero sobre todo una fábrica de magia, de ilusiones, de incertidumbre, por un camino que no sabes a dónde te llevara
Despacio y poco a poco comenzarán a explorar nuevos cielos. Sé que existe el miedo, pero es parte del proceso de crecer, aún queda mucho por recorrer, por vivir. Aquí no hay tiempos malos, sólo vivencias y experiencias para formar a los seres humanos que un día seremos, estos años sólo son un grano de arena que construye nuestras vidas. Las ilusiones que uno tiene aquí son las que hacen posible cada día. De nosotros y de nadie más depende el llegar a la montaña más alta, el convertirse en astronautas, en bomberos, escritores... Aquí se formó mi determinación para seguir en el camino, para defender lo que creo. Así, hoy que miro hacia atrás y recuerdo esos tiempos aparece en mi rostro la sonrisa de la satisfacción: seguiré guardando como hasta ahora estos recuerdos, porque son parte de lo que hoy forma al ser humano que soy.

Gracias: Neii, gracias al Colegio que hace dos años me recordó lo feliz que fuí en la escuela
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LA ENGRAPADA

Para comenzar ese día amanecí con el ánimo muy simple. Me encontraba apurada terminando la tarea de Biología, para qué negar que algunas veces hacia la tarea en el colegio. Tendría alrededor de once años, cursaba el primer año de secundaria. Me parece que eran mediados de enero, ya le había tomado la medida a los profesores, y la profesora Lara Puga era una de las consentidas –desconozco las causas-. Fue en esta época que Luka y yo comenzamos a desarrollar nuestra capacidad de redacción y síntesis, ya que éramos capaces de desarrollar todo un tema con tan sólo un poco de información.

Recuerdo que me sentaba en las butacas del frente. Ese año mi compañero de asiento era Carlitos, un niño amable. Realmente no tengo queja alguna sobre él, aparte de ser siempre el primero en las listas de asistencia no podría yo dar una referencia. No si ese año no le hubiese tocado Ema como compañera de asiento. Estaba ordenando su tarea calmadamente mientras yo escribía apresuradamente una carátula para mi improvisada investigación acerca de la evolución del hombre. Se levantó y dejó sobre el escritorio de la profesora Lara su tarea en un folder tipo “costilla” –esos de plástico con una varillita blanca, que en esos tiempos eran toda una novedad-. En mi lado de la banca había hecho todo un reguero de cosas en busca de algún folder que pudiera reciclar. Normalmente tenía un folder de “costilla” llamado con tanta certeza “folder saca-apuros”, pero la profesora Florencia Belén Vásquez Tejeda no me lo había devuelto aún.

Por fin convencí a Iker de que me prestara un folder amarillo, lo malo era que tenía engrapado un trabajo de otra materia…

- No vayas a maltratar mi trabajo y mi folder Ema– me sugirió.
- Ay, Iker, mira con qué cuidadito le estoy quitando la grapa– le contesté un tanto ofendida.
- En cuanto te entreguen el trabajo, me devuelves mi folder– dijo.
- ¡Sí!, ya te dije que sólo es un ratito.
- Procura que los hoyitos de la nueva grapa queden en los que ya tiene el folder– comentó divertido.
-Ay, Iker ¡ya sé, ya sé! Mira, en vez de eso ayúdame, ¡ándale! Termina de quitar la grapa que ya casi acaba de revisarle a Carlitos.

Apresuradamente acomodé las hojas dentro del folder cuando Carlitos regresaba contento a su asiento. Mi estrés subió de un 50% a un 120% en cuestión de milisegundos.

- Carlitos, ¿fueras tan amable de prestarme tu engrapadora?– pregunté casi suplicante.
- Señorita Lorenzoooooooo –dijo con su voz agudamente chillona- su tareaaaaa, pásemela por ahí - (siempre sentí que me estaba albureando).
- Voy, voy Miss, nada más déjeme engraparla y ya la llevo– decía al tiempo que le devolvía la engrapadora a Carlitos– listo, ya voy, ya voy.

Ya en el escritorio de la maestra mi estrés descendió a sus niveles habituales, 5%. Cinco minutos más tarde, tras haber conocido mi calificación, apareció mi sonrisita de satisfacción, aquella que brota cuando me salgo con la mía. Al regresar a mi lugar vi a Carlitos recargado en la banca mirando pensativamente la pequeña engrapadora azul cielo.

- ¿Qué se sentirá engraparte la lengua?– me preguntó muy serio.
- No lo sé – comenté totalmente indiferente - ¿por qué no te la engrapas y me dices?
- Esta bien, ten, engrápamela – me extendió la mano con la engrapadora – pero con cuidado ¡eh!

Recibí, incrédula ante tal petición, la engrapadora. Por un instante lo pensé, pero al final me dio mucha curiosidad. Sacó la lengua lo más que pudo, mientras yo la aprisionaba con aquel artículo azul cielo. Él me vio y movió los ojos dando una afirmación. Lo único que yo hice fue cerrar los ojos y presionar lo más fuerte contra la base de la engrapadora…

Sentí que dio un grito ahogado. Se apartó bruscamente de la banca y se tapaba desesperadamente la boca. Sus movimientos eran violentos, la cara roja, las lágrimas asomaban lentamente por su rostro. Pocas veces en mi vida he sentido culpa por algo, y ésta fue una de esas. Trataba de pedirle disculpas pero él no me escuchaba. De repente apartó las mano de la boca y descubrí asombrada que la grapa se había enterrado por lo menos un cuarto de su totalidad.

Me pedía a señas que la quitara de su boca, entonces lo que se me ocurrió hacer fue tomar un lápiz y hacer palanca en la lengua. La grapa salió volando, mostrando dos pequeños orificios en su lengua y un chorrito de sangre comenzó a fluir de ellos.

Pobre Carlitos, tan tranquilo que era. Siempre el primero en la lista de asistencia y no tendría yo otra referencia de él, de no ser porque ese año fue mi compañero de banca
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MILANESAS ADOLESCENTES

Yo no tuve la culpa. Los profesores que teníamos eran nefastos. Mi condición física nunca ha sido la mejor, eso de sudar y realizar un esfuerzo físico no es para mí. He aprendido a ejercitar mi mente, me da más satisfacciones saber que mentalmente puedo hacer muchas cosas: prefería escribir, contar historias, platicar... Correr bajo el sol del medio día nunca fue mi sueño. Hacer estiramientos, algún momento de mi vida lo intenté pero desistí cuando descubrí lo adolorida que puedes quedar al día siguiente.

Siempre encontraba una excusa perfecta y válida para saltarme la clase de Deportes y no reprobar: dolor de estómago, calor, incluso llegue a decir que tenía pie plano y problemas con la espalda. Al inicio del ciclo escolar, no sé por qué tenían la tonta esperanza de dividir la clase en teórica y práctica, pffff, nunca entendí por qué debía saber las medidas reglamentarias de una cancha de basquetbol, de volei, si en mi vida lo practicaría de manera profesional, es más, creo que en mi vida lo he practicado. A los niños les vale un bledo las medidas oficiales y las reglas de los deportes.

Las técnicas de escape eran variadas. La primera semana de clases era usar todo el genio creativo para escapar de correr cual bestia por toda la cancha de basquetbol, hacer las odiadas abdominales, las dolorosas sentadillas, estar bajo el sol dos horas continuas, terminar como una milanesa –pegajosa y llena de tierra-, con sed y cansada, eso no da ningún tipo de satisfacción y orgullo. Es por esta razón que Luka y yo –porque Iker optaba por seguir la corriente al maestro-, implementábamos cada año un plan diferente: inventar enfermedades, pie plano –mi favorita-, achaques. Desde los 12 años yo tenía gota, la columna desviada, reuma, etcétera; si las primeras opciones no funcionaban, poníamos en marcha el Plan B: fingir los ejercicios frente al maestro y esperar a que éste se volteara y entonces tomar un breve descanso. Repetíamos la dinámica hasta terminar la primera hora de la clase, ya en la segunda él estaba tan harto que nos dejaba ser libres.

Así, durante las primeras semanas, todo era un estira y afloja entre el maestro y nosotros, hasta que después de un tiempo se daba cuenta de que éramos caso perdido y terminaba por ignorarnos. Cuando eso ocurría, optábamos por refugiarnos en el pasillo a los vestidores, y tirados en el frío piso platicábamos a nuestras anchas durante dos largas horas, algunas veces de la escuela y las clases, otras de los maestros y muy a menudo de nuestros vecinos y familiares.

Pero un año todo cambió. Nos cambiaron al maestro, ya no era aquel viejito regordete y regañón sin los dientes de enfrente, que en lugar de gritar hacia sonar un silbato casualmente siempre en mi oído –tenía la mala costumbre de, cuando estaba enojado, correr a él para ver su cara-. Llegué a pensar que al paso de los años quedaría sorda.

Ahora era un maestro mucho más joven, con la inexperiencia escrita en la cara, nervioso, austado, su única arma para "controlarnos" era el ejercicio continuo... Desde el momento en que lo vi supe que ese año sería uno en el que mi condición física estaría severamente dañada, no se rendiría tan fácilmente. Llegó con su lista de asistencia, una carpeta con apuntes y un bolígrafo, dispuesto a calificarnos hasta el último detalle: desempeño físico, uniforme, ¿cuaderno? ¡Por favor...!

-La clase la vamos a dividir en dos partes: la primera va a constar de calentamiento, estiramiento y un poco de atletismo –trataba de decir con seguridad, pero su rostro era de un total estres- y la segunda hora la dedicaremos a las actividades como grupo: futbol, basquetbol, voleibol.

Sentía que el aire me faltaba, el mundo me daba vueltas, eso era demasiado, no me podría parar en semanas.

-Ema, Iker y Luka tienen prohibido estar en los pasillos de los vestidores

-¡¿Queeeé?! ¿No quiere dispararme de una vez por todas?

Los viernes, tomando clases completas, escuchando su aguda voz gritándo ordénes porque era la única manera de hacerse tomar en cuenta -de respeto mejor ni hablar-,esas dos horas tan amadas se me iban sin poder hacer nada al respecto. Las esperanzas de regresar a los tiempos de las charlas y el esparcimiento mental se esfumaban semana a semana.

Fue un día de abril que sucedió sin planearlo: el golpe de estado a la clase de Educación Física. Si hubiera sabido que esa era la solución, desde hacía mucho la hubiese aplicado. Esa sería su última clase con nosotros.

Mascábamos chicle en clase porque sabíamos lo mucho que le molestaba, era nuestra pequeña venganza por todo lo que cada viernes nos hacía sufrir, por aquellos sábados en los que despertaba tan adolorida, en calidad de bulto.

Yo tenía –tengo- la mala y fea costumbre de patear el chicle cuando decidía deshacerme de él. Lo aventaba al aire y antes de tocar el suelo le pegaba una patada que en algunas ocasiones no veía ni dónde caía. La moda del chicle en parte se la debíamos a esas paletas de bola con capas de sabores, tan famosas ahora, en esa época eran toda una novedad con su centro de chicle, el cual posee una propiedad muy singular y es que al cabo de un buen rato mascando la goma, ésta se convierte en una especie de plástico, pasa del estado viscoso al semisólido, muy útil para un arma clásica en la escuela: la cerbatana –la cubierta transparente de los bolígrafos- de bolitas de papel con baba; en el caso de mis compañeros de escuela, no usaban las precarias bolitas de papel, las habían sustituido por bolitas de chicle.

Día de evaluación. Hacía más calor que de costumbre y parecía que el espíritu de joder del tipo se encontraba en sus niveles máximos, porque nos hizo ejercitar como verdaderos atletas olímpicos, al grado que sentía desfallecer. Las extremidades me pesaban, el aire me faltaba, la sangre a mi cabeza ya no llegaba, estaba segura que habían muerto miles de neuronas por falta de oxígeno a mi cerebro. Había pasado la primera hora de la clase y sólo esperaba que gritara mi mediocre calificación, me conformaba con pasar y olvidar el trago amargo acostada en el pasto o columpiándome mientras veía a los otros jugar. Siguiendo el orden de la lista pronunció el valor que le había otorgado a nuestros esfuerzos. Estaba por echarme literalmente en el pasto cuando...

-¡Vamos! Formen dos equipos de niños y dos de niñas, rápido, los niños a la cancha de futbol y las niñas a la de basquetbol –pronunció el tipo este- que voy a subir un punto sobre calificación final a los equipos ganadores.

-No, no ¿qué le pasa? ¿Está usted loco, qué piensa? – gritó la bulla.

El caos se armó, en fracciones de segundos todos estaban alrededor de él, parecía que lo iban a linchar, gritos, empujones, malas palabras y él en medio de ese huracán de pseudoadolescentes, cansados, sudorosos, sucios, olorosos y sobre todo molestos. Unos chicos ya resignados preferían aprovechar la disputa para jugar un ratito con las cerbatanas de chicle. Eran más poderosas mis ganas de molestar, porque con los pocos ánimos me levanté y acompañada de Iker y Luka caminé hacia la multitud, decidida a gritarle dos o tres verdades a la cara. Varios metros antes de llegar, boté el chicle y lo pateé, Iker me siguió y Luka lo aventó con la mano totalmente desganado. No teníamos fuerzas para levantar la mirada y seguir la trayectoria del chicle –nos gustaba ver quién lo hacía llegar más lejos-, aparte de que movíamos la cabeza de un lado a otro esquivando los chicles de los demás.

El maestro se rascó la cabeza y una mancha rosa en ella de repente se hizo más grande y se adhirió a su cabello.

-¿Quién fue?– preguntó al tiempo que trataba inútilmente de despegarse el chicle que, por el calor, estaba más pegado que nunca– ¡Ahora mismo me dicen quién fue o los repruebo a todos!

Luka, Iker y yo nos miramos fijamente a la cara, después hacia los demás y nuevamente intercambiamos miradas, que no expresaban otra cosa que incertidumbre.

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