“La hora de la salida” Así decimos cuando somos niños: “Nos vemos a la hora de la salida”. Y es que quién olvida el montón de madres que venden y pasan en las escuelas a “la hora de la salida”. Es todo un acontecimiento esa hora: mamás, vendedores ambulantes, taxistas, autos y, claro, la razón de todo este desmadre: los niños.
Existen tres elementos principales que podemos destacar sobre este suceso tan de la vida cotidiana: el movimiento previo a “la hora de la salida” (causas), “la hora de la salida” cuando las reglas dejan de existir (efectos) y las mamás, aquellos personajes que hacen posible junto con sus hijos todo este acontecimiento (razones).
Comencemos pues:
MOVIMIENTO PREVIO
Para poder describir todo el ritual que significa el movimiento previo a la tan nombrada hora de la salida es necesario describir primero cada uno de los elementos que componen dicho suceso.
1. La persona cuya función es resguardar la puerta, todo esto se resume en cinco palabras: “la señora de la puerta”, o en su abreviación “la de la puerta”. Los colegios de ahora tienen maestros o incluso vigilantes, pero no dejan de ser “el señor de la puerta… el de la puerta”
2. La secretaria encargada de dar el toque de salida. Sin duda este es uno de los personajes más queridos en esos momentos.
3. El maestro de guardia, que no es otro sino el pobre infeliz que por esa semana le toca coordinar y supervisar que la salida de los niños ocurra bajo las mejores circunstancias, y que se espera hasta dejar una mínima cantidad de alumnos –una cantidad de una sola cifra- la cual encarga al de “la puerta”.
Todo inicia dentro de los salones, los niños se miran unos a otros, su cara es de desesperación, jamás el tiempo se va tan lento como los cinco minutos antes del toque para salir del colegio, el uniforme ahora no es más que una burla de lo que fue en la mañana, el peinado no es la excepción, y de la cara de hastío mejor ni hablar. Miras el reloj una y otra vez, volteas hacia los otros salones por si ya están saliendo y entonces comentar a la maestra: “Miss, todos ya están saliendo, ¿nos podemos ir?” Nada, no hay nada.
“¡Tarea!” es la palabra que se escucha justamente dos minutos antes del toque. Creías ilusamente que se le había olvidado al maestro, pues no. Es una treta más para hacer tiempo y no dejarte salir antes. Aunque ya está hart@ pueden más sus ganas de fregar.
Un llamado te irrita aún más, se escucha por las bocinas del colegio: “Los niños de transporteeeeee, pueden salir”. Qué suerte tienen esos, salen antes que todos, y tú tienes que seguir anotando la tarea, y en esas estás cuando tocan el timbre: “¡me lleva la ch&#$”@! Todavía no acabo de anotar la tarea, ya me ganaron al señor de las nieves”. Decides en ese momento que la tarea puede esperar, cierras el cuaderno lo avientas en la mochila y sales como tapón de alberca… “A ver, a ver señores y señoritas, a dónde creen que van, no salen hasta que este salón esté presentable, recuerden que son el reflejo de su casa”.
Si tus pensamientos se hicieran realidad en ese mismo instante, caería un piano sobre la cabeza del maestr@. Buscas inmediatamente los papeles más grandes para que noten que en realidad recogiste y puedas salir lo antes posible: “Ya maestr@, ya recogí mi basura, ¿Puedo salir?” “Si Ema ya puedes…” No dejas que termine su frase, pues ya te encuentras corriendo a todo lo que da el pasillo. Te detienes en seco frente a las escaleras y no es por haber olvidado algo. La razón: un congestionamiento brutal, los niños que por la mañana entraron, ahora son bestias, incapaces de entender razones, su único objetivo es salir lo más pronto posible de ahí, los espera el señor de las estampitas y sólo los primeros podrán gozar de revisar a sus anchas las estampas.
Gritos, empujones, risas todo un caos. Una voz retumba por toda la escuela: “Por favoooor, los maestros, formen a sus alumnos para podeeer saliiir”. ¿Formarse? Lo que quieres es salir, comer nieve, poder hablar mal de los maestros a tus anchas, intercambiar chismes, respirar el aire de libertad.
Existen tres elementos principales que podemos destacar sobre este suceso tan de la vida cotidiana: el movimiento previo a “la hora de la salida” (causas), “la hora de la salida” cuando las reglas dejan de existir (efectos) y las mamás, aquellos personajes que hacen posible junto con sus hijos todo este acontecimiento (razones).
Comencemos pues:
MOVIMIENTO PREVIO
Para poder describir todo el ritual que significa el movimiento previo a la tan nombrada hora de la salida es necesario describir primero cada uno de los elementos que componen dicho suceso.
1. La persona cuya función es resguardar la puerta, todo esto se resume en cinco palabras: “la señora de la puerta”, o en su abreviación “la de la puerta”. Los colegios de ahora tienen maestros o incluso vigilantes, pero no dejan de ser “el señor de la puerta… el de la puerta”
2. La secretaria encargada de dar el toque de salida. Sin duda este es uno de los personajes más queridos en esos momentos.
3. El maestro de guardia, que no es otro sino el pobre infeliz que por esa semana le toca coordinar y supervisar que la salida de los niños ocurra bajo las mejores circunstancias, y que se espera hasta dejar una mínima cantidad de alumnos –una cantidad de una sola cifra- la cual encarga al de “la puerta”.
Todo inicia dentro de los salones, los niños se miran unos a otros, su cara es de desesperación, jamás el tiempo se va tan lento como los cinco minutos antes del toque para salir del colegio, el uniforme ahora no es más que una burla de lo que fue en la mañana, el peinado no es la excepción, y de la cara de hastío mejor ni hablar. Miras el reloj una y otra vez, volteas hacia los otros salones por si ya están saliendo y entonces comentar a la maestra: “Miss, todos ya están saliendo, ¿nos podemos ir?” Nada, no hay nada.
“¡Tarea!” es la palabra que se escucha justamente dos minutos antes del toque. Creías ilusamente que se le había olvidado al maestro, pues no. Es una treta más para hacer tiempo y no dejarte salir antes. Aunque ya está hart@ pueden más sus ganas de fregar.
Un llamado te irrita aún más, se escucha por las bocinas del colegio: “Los niños de transporteeeeee, pueden salir”. Qué suerte tienen esos, salen antes que todos, y tú tienes que seguir anotando la tarea, y en esas estás cuando tocan el timbre: “¡me lleva la ch&#$”@! Todavía no acabo de anotar la tarea, ya me ganaron al señor de las nieves”. Decides en ese momento que la tarea puede esperar, cierras el cuaderno lo avientas en la mochila y sales como tapón de alberca… “A ver, a ver señores y señoritas, a dónde creen que van, no salen hasta que este salón esté presentable, recuerden que son el reflejo de su casa”.
Si tus pensamientos se hicieran realidad en ese mismo instante, caería un piano sobre la cabeza del maestr@. Buscas inmediatamente los papeles más grandes para que noten que en realidad recogiste y puedas salir lo antes posible: “Ya maestr@, ya recogí mi basura, ¿Puedo salir?” “Si Ema ya puedes…” No dejas que termine su frase, pues ya te encuentras corriendo a todo lo que da el pasillo. Te detienes en seco frente a las escaleras y no es por haber olvidado algo. La razón: un congestionamiento brutal, los niños que por la mañana entraron, ahora son bestias, incapaces de entender razones, su único objetivo es salir lo más pronto posible de ahí, los espera el señor de las estampitas y sólo los primeros podrán gozar de revisar a sus anchas las estampas.
Gritos, empujones, risas todo un caos. Una voz retumba por toda la escuela: “Por favoooor, los maestros, formen a sus alumnos para podeeer saliiir”. ¿Formarse? Lo que quieres es salir, comer nieve, poder hablar mal de los maestros a tus anchas, intercambiar chismes, respirar el aire de libertad.
1 Comentarios:
ke bien todo muy interesante con muchos detalles infantiles
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