En casa existe el miembro de la familia que siempre quiere contestar todas las llamadas, aquél que tiene síndrome de recepcionista o de emplead@ de telemarketing. El trabajo ideal para este miembro de la familia es en Locatel, el problema es que ni los recados saben dar bien y a tiempo, o nunca apuntan nada.
Pues resulta que yo soy ese miembro de la familia. Es que es algo incontrolable, algo que simplemente se da. Es como en automático: escucho el teléfono sonar y me levanto como bólido gritando "yo contestooooo", "yo voooy". No dejo que suene más de dos veces, es una regla. Paso por encima de todo sorteando obstáculos y me siento frustrada cuando suena más de lo debido.
Y esa mañana hubiese no querido ser yo quien contestara ese teléfono. La llamada que recibí juro que en mi vida la hubiera adivinado, ni siquiera esperado, fue totalmente sorpresiva. Me encontraba desayunando muy amenamente, fin de semana aburrido en casa de la abuela, había sido la última en desayunar y me estaba tomando mi tiempo, cuando entró la llamada.
"Yo contestooooo"- me paré más rápido que una bala. Sonó una segunda vez y contesté.
-¿Siii?-¿Bueno? ¿quién habla?- decía del otro lado una voz angustiada.
-¡Yoooo! ¿quién más va a ser?- no puedo evitar decir estúpideces por teléfono.
-¿Ema?
-¡Sí!
-Habla tu abuelo.
-¡Ahhhh holaaa! ¿cómo estás? ¿qué haces?- tan aburrido era mi día que estaba dispuesta a platicar de cualquier cosa.
-Bien, nada, nada aquí trabajando- decía angustiado.
-¡Qué bien! Y dime, ¿qué dice el trabajo hoy? ¿No es un poquito temprano aún? ¿Estás aburrido, por eso marcaste?- en mi caso estaba bastante aburrida.
-Hija, llevo prisa como para ponerme a contestar tus preguntas- me dijo un tanto enojado- Dime ¿quién esta en la casa?
-Ya nadie, todos se fueron a trabajar, sólo yo, ¿por? ¿Se te ofrece algo
-Mmmm... mmmmm- murmuraba un poco nervioso.
-Ay, abuelo, ya dimeee, que me tienes preocupada- ese asunto comenzaba a desesperarme.
-Bueno, mira, lo que pasa es que...- silencio- es que... es que...
-¿Qué? ¡ya suéltaloooo!
-No quiero que digas nada, porque me entero que alguien sabe lo que te dije y olvídate de estar en el testamento- me advirtió seriamente.
-Mmm... está bien, te lo prometo. Ahora sí dime ¿qué te traes?
-Bueno, mira, lo que pasó es que se chorrearon mis frenos...- dijo sumamente preocupado-
-¡Ay, no me digas! ¿Te accidentaste? ¿Pasó algo grave? ¡Contestaa!- exclamé muy preocupada.
-¡Pendeja!- me gritó furioso- ¡Necesito un pinche pantalón!
-¿Por qué?- pregunté extrañada- ¡ya me hice bolas! ¿No que se te chorrearon los frenos?
-¡Con una chingada! ¡haz lo que te digo!
-Abuelo, pero quiero saber si estás bien. Dime, ¿no chocaste contra nada?, ¿te cortaste?, ¿estás herido? ¡Dime!- hubo un largo silencio y después la noticia...
-¡Me cagué!
-¿Cómo que te ca...? ¿Quéeee...?- estaba a punto de gritar.
-¡Que te calles! Tú sólo haz lo que te digo.
Colgó...
Quedé perpleja, no sabía qué hacer, ni siquiera estaba segura de lo que había escuchado. Colgué el teléfono. No alcanzaba a comprender qué era lo que sucedía. ¿Había escuchado bien? Decidí no pensar más y llevar lo que me había pedido. Después de todo él sabía por qué lo pedía.
Así, presurosa, llegué hasta su trabajo. Cuando lo vi sentado en el cofre del carro me acerqué y noté su cara de angustia. Traté de no verme muy preocupada, aunque me comiera la curiosidad por dentro. Me hizo una seña para acercarme a él, le di el encargo, lo tomó presurosamente y me ordenó que me marchara. Su expresión era un juego de sentimientos entre la angustia, el enojo y un dejo de frustración. Fue ahí cuando me di cuenta de todo... "¡Se le habían chorreado los frenos!
No pude evitar sonreír mientras asentía con la cabeza. Me dio una de esas miradas que lo dicen todo: "Ríete, sólo ríete y ya verás cómo te va". Por lo cual conservé la calma hasta que al dar media vuelta mi sonrisa se hizo más amplia y al subir al auto solté la carcajada como pocas veces en mi vida.
Pues resulta que yo soy ese miembro de la familia. Es que es algo incontrolable, algo que simplemente se da. Es como en automático: escucho el teléfono sonar y me levanto como bólido gritando "yo contestooooo", "yo voooy". No dejo que suene más de dos veces, es una regla. Paso por encima de todo sorteando obstáculos y me siento frustrada cuando suena más de lo debido.
Y esa mañana hubiese no querido ser yo quien contestara ese teléfono. La llamada que recibí juro que en mi vida la hubiera adivinado, ni siquiera esperado, fue totalmente sorpresiva. Me encontraba desayunando muy amenamente, fin de semana aburrido en casa de la abuela, había sido la última en desayunar y me estaba tomando mi tiempo, cuando entró la llamada.
"Yo contestooooo"- me paré más rápido que una bala. Sonó una segunda vez y contesté.
-¿Siii?-¿Bueno? ¿quién habla?- decía del otro lado una voz angustiada.
-¡Yoooo! ¿quién más va a ser?- no puedo evitar decir estúpideces por teléfono.
-¿Ema?
-¡Sí!
-Habla tu abuelo.
-¡Ahhhh holaaa! ¿cómo estás? ¿qué haces?- tan aburrido era mi día que estaba dispuesta a platicar de cualquier cosa.
-Bien, nada, nada aquí trabajando- decía angustiado.
-¡Qué bien! Y dime, ¿qué dice el trabajo hoy? ¿No es un poquito temprano aún? ¿Estás aburrido, por eso marcaste?- en mi caso estaba bastante aburrida.
-Hija, llevo prisa como para ponerme a contestar tus preguntas- me dijo un tanto enojado- Dime ¿quién esta en la casa?
-Ya nadie, todos se fueron a trabajar, sólo yo, ¿por? ¿Se te ofrece algo
-Mmmm... mmmmm- murmuraba un poco nervioso.
-Ay, abuelo, ya dimeee, que me tienes preocupada- ese asunto comenzaba a desesperarme.
-Bueno, mira, lo que pasa es que...- silencio- es que... es que...
-¿Qué? ¡ya suéltaloooo!
-No quiero que digas nada, porque me entero que alguien sabe lo que te dije y olvídate de estar en el testamento- me advirtió seriamente.
-Mmm... está bien, te lo prometo. Ahora sí dime ¿qué te traes?
-Bueno, mira, lo que pasó es que se chorrearon mis frenos...- dijo sumamente preocupado-
-¡Ay, no me digas! ¿Te accidentaste? ¿Pasó algo grave? ¡Contestaa!- exclamé muy preocupada.
-¡Pendeja!- me gritó furioso- ¡Necesito un pinche pantalón!
-¿Por qué?- pregunté extrañada- ¡ya me hice bolas! ¿No que se te chorrearon los frenos?
-¡Con una chingada! ¡haz lo que te digo!
-Abuelo, pero quiero saber si estás bien. Dime, ¿no chocaste contra nada?, ¿te cortaste?, ¿estás herido? ¡Dime!- hubo un largo silencio y después la noticia...
-¡Me cagué!
-¿Cómo que te ca...? ¿Quéeee...?- estaba a punto de gritar.
-¡Que te calles! Tú sólo haz lo que te digo.
Colgó...
Quedé perpleja, no sabía qué hacer, ni siquiera estaba segura de lo que había escuchado. Colgué el teléfono. No alcanzaba a comprender qué era lo que sucedía. ¿Había escuchado bien? Decidí no pensar más y llevar lo que me había pedido. Después de todo él sabía por qué lo pedía.
Así, presurosa, llegué hasta su trabajo. Cuando lo vi sentado en el cofre del carro me acerqué y noté su cara de angustia. Traté de no verme muy preocupada, aunque me comiera la curiosidad por dentro. Me hizo una seña para acercarme a él, le di el encargo, lo tomó presurosamente y me ordenó que me marchara. Su expresión era un juego de sentimientos entre la angustia, el enojo y un dejo de frustración. Fue ahí cuando me di cuenta de todo... "¡Se le habían chorreado los frenos!
No pude evitar sonreír mientras asentía con la cabeza. Me dio una de esas miradas que lo dicen todo: "Ríete, sólo ríete y ya verás cómo te va". Por lo cual conservé la calma hasta que al dar media vuelta mi sonrisa se hizo más amplia y al subir al auto solté la carcajada como pocas veces en mi vida.
1 Comentarios:
jajajajajajaja no manches ahora este escrito estuvo como tu abuelo ???? ¿como? ps cagadoooo jaja no manches como se te ocurre escribir esto las personas que conoscan a tu abuelo se van a cagar de la risa cuando lo vean jijijijii si yu hubiese sido tu me cago junto con el de la risaaaa y el c vuelve a surrar de la muina jajaja no manches estuvo bueno saludos jiji
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