Mucha gente viene y va hoy en día en esta ajetreada ciudad, cada quien con su vida, sus problemas, con miles de historias que contar, historias que ocurren a lo largo de un día de trabajo o sencillamente camino hacia algún lugar.
"Estopa" corría de un lado a otro asustado, los carros iban y venían, trataba de esquivarlos. Era un acto de valentía, aunque por dentro se encontraba desorientado, estaba perdido, había visto la puerta abierta y el mundo exterior que tanta curiosidad le causaba de pronto se convirtió en una posibilidad tangible.
Por fin había logrado llegar a la acera, estaba a salvo, por lo menos hasta que en casa notaran su ausencia y salieran a buscarlo. Tanto ajetreo terminó con su imagen de bolita de algodón; ahora luce como estopa vieja, está cansado, triste y hambriento, el único refugio que encuentra es debajo de un arbusto.
Ella da vuelta a toda prisa en la esquina, tiene un compromiso y va retrasada, repasa mentalmente la disculpa que ofrecerá. En su camino ve un montón de estopa estorbando el paso, no hay tiempo de esquivarlo... Fue como pisar un globo con agua.
Cindi tenía hambre y aún faltaba para llegar a casa, "algo rápido y sencillo para calmar el hambre". De pronto, el olor a quesadillas acentuó su hambre. "¿Por qué no?", pensó. Se detuvo y ahí estaba, al lado del puesto, el hombre de sus sueños, como siempre lo había imaginado.
Él volteó a mirarla y quedo hipnotizado por ella. Pero la timidez los hizo presa. Una quesadilla de hongos y otra de flor de calabaza para el camino. Terminó la de hongos y se fue... él la dejó ir.
Dos cuadras después un retortijón la sorprendió, eran quesadillas de dos cuadras -sólo te deja caminar dos cuadras su efecto laxante-. De pronto frenó en seco y aquel hombre de sus sueños corrió hacia ella al ver que se detuvo, pero ella ya no aguanto más y echó a correr, porque era ahora o nunca, más valía decir "aquí corrió" que "aquí se ca... se cayó del dolor".
Subió las escaleras de aquel puente en busca de un baño del otro lado de la calle, dejando a su paso, como una Cenicienta, como recuerdo de aquel encuentro con el ser amado, una quesadilla de flor de calabaza al pie de las escaleras.
Estaba muy nervioso cuando llegó a ver a la tarotista. No creía mucho en esas cosas, pero hay que intentarlo todo, qué más daba. Paco era un hombre serio, de familia, un desempleado más. No había recibido ninguna llamada de todas las opciones de trabajo que tenía para solicitar.
Así, cuando vio a Zuzana "La Emperatriz" le pareció que no tenía ya nada qué perder. La anfitriona-una señora regordeta con un inseparable suéter morado- le pidió barajear las cartas y ponerlas en varios mazos. Acto seguido, le pronosticó un futuro no muy alentador, por lo que Zuzana sugirió un servicio más completo, digamos que un WiFi al futuro, no por un módem, sino más bien por un medium, ella.
Paco aceptó la conexión: cualquier cosa que le dijera que todo iba a estar bien. Esta conexión tenía un costo extra de 120 pesos más. Así que comenzó a entrar en trance y tras unos minutos Zuzana exclamó ante la mirada atónita de
Paco:
"En tu vida veo que una mujer regordeta, de suéter morado, cabello corto y castaño te va a proporcionar dinero. Es más, tú mismo lo tomarás de la cartera que tiene sobre sus piernas debajo de la mesa..."
Cuando Zuzana despertó, se dio cuenta de que la tarotista que entró en trance terminó transeada.
Caminaba por la calle cuando todas las miradas comenzaron a centrarse en ella, a cada paso que daba la seguridad la invadía, iba caminando al Metro y sentía que partía plaza: "Qué bárbara, con qué pegue amanecí hoy".
Entonces su caminar se hizo más sensual, los hombres que venían frente a ella no le quitaban la vista de encima y al pasar junto a ella le lanzaban una mirada pícara y una sonrisa. Los que venían detrás de ella, al momento de alcanzarla, la miraban a la cara y volteaban a verla de forma descarada.
Quizá era su rostro, el top que tenía puesto, el entallado pantalón que llevaba, su cabello, la sonrisa que dibujaba e iluminaba su rostro... o tal vez, por qué no, las feromonas, la lonja de jamón serrano que salía por arriba del pantalón... o podría ser el calzón mata pasiones NEGRO que asomaba por el pantalón y era visible a distancia.
[continuará...]
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"Estopa" corría de un lado a otro asustado, los carros iban y venían, trataba de esquivarlos. Era un acto de valentía, aunque por dentro se encontraba desorientado, estaba perdido, había visto la puerta abierta y el mundo exterior que tanta curiosidad le causaba de pronto se convirtió en una posibilidad tangible.
Por fin había logrado llegar a la acera, estaba a salvo, por lo menos hasta que en casa notaran su ausencia y salieran a buscarlo. Tanto ajetreo terminó con su imagen de bolita de algodón; ahora luce como estopa vieja, está cansado, triste y hambriento, el único refugio que encuentra es debajo de un arbusto.
Ella da vuelta a toda prisa en la esquina, tiene un compromiso y va retrasada, repasa mentalmente la disculpa que ofrecerá. En su camino ve un montón de estopa estorbando el paso, no hay tiempo de esquivarlo... Fue como pisar un globo con agua.
Cindi tenía hambre y aún faltaba para llegar a casa, "algo rápido y sencillo para calmar el hambre". De pronto, el olor a quesadillas acentuó su hambre. "¿Por qué no?", pensó. Se detuvo y ahí estaba, al lado del puesto, el hombre de sus sueños, como siempre lo había imaginado.
Él volteó a mirarla y quedo hipnotizado por ella. Pero la timidez los hizo presa. Una quesadilla de hongos y otra de flor de calabaza para el camino. Terminó la de hongos y se fue... él la dejó ir.
Dos cuadras después un retortijón la sorprendió, eran quesadillas de dos cuadras -sólo te deja caminar dos cuadras su efecto laxante-. De pronto frenó en seco y aquel hombre de sus sueños corrió hacia ella al ver que se detuvo, pero ella ya no aguanto más y echó a correr, porque era ahora o nunca, más valía decir "aquí corrió" que "aquí se ca... se cayó del dolor".
Subió las escaleras de aquel puente en busca de un baño del otro lado de la calle, dejando a su paso, como una Cenicienta, como recuerdo de aquel encuentro con el ser amado, una quesadilla de flor de calabaza al pie de las escaleras.
Estaba muy nervioso cuando llegó a ver a la tarotista. No creía mucho en esas cosas, pero hay que intentarlo todo, qué más daba. Paco era un hombre serio, de familia, un desempleado más. No había recibido ninguna llamada de todas las opciones de trabajo que tenía para solicitar.
Así, cuando vio a Zuzana "La Emperatriz" le pareció que no tenía ya nada qué perder. La anfitriona-una señora regordeta con un inseparable suéter morado- le pidió barajear las cartas y ponerlas en varios mazos. Acto seguido, le pronosticó un futuro no muy alentador, por lo que Zuzana sugirió un servicio más completo, digamos que un WiFi al futuro, no por un módem, sino más bien por un medium, ella.
Paco aceptó la conexión: cualquier cosa que le dijera que todo iba a estar bien. Esta conexión tenía un costo extra de 120 pesos más. Así que comenzó a entrar en trance y tras unos minutos Zuzana exclamó ante la mirada atónita de
Paco:
"En tu vida veo que una mujer regordeta, de suéter morado, cabello corto y castaño te va a proporcionar dinero. Es más, tú mismo lo tomarás de la cartera que tiene sobre sus piernas debajo de la mesa..."
Cuando Zuzana despertó, se dio cuenta de que la tarotista que entró en trance terminó transeada.
Caminaba por la calle cuando todas las miradas comenzaron a centrarse en ella, a cada paso que daba la seguridad la invadía, iba caminando al Metro y sentía que partía plaza: "Qué bárbara, con qué pegue amanecí hoy".
Entonces su caminar se hizo más sensual, los hombres que venían frente a ella no le quitaban la vista de encima y al pasar junto a ella le lanzaban una mirada pícara y una sonrisa. Los que venían detrás de ella, al momento de alcanzarla, la miraban a la cara y volteaban a verla de forma descarada.
Quizá era su rostro, el top que tenía puesto, el entallado pantalón que llevaba, su cabello, la sonrisa que dibujaba e iluminaba su rostro... o tal vez, por qué no, las feromonas, la lonja de jamón serrano que salía por arriba del pantalón... o podría ser el calzón mata pasiones NEGRO que asomaba por el pantalón y era visible a distancia.
[continuará...]