De la inspiración y vivencia de Iker, en manos de Emma y el característico estilo de ¡Sí...Soy YO!
Ha sido un largo peregrinaje por esta ciudad. Día y noche, una y otra vez viendo lo mismo. Esta rutina hace que dejemos de percibir los valores humanos y de la lucha diaria que emprende la gente en sus caminos hacia su destino. El día de hoy me di cuenta de uno de los mayores, sino es que el más grande valor de esta salvaje ciudad.
Así como también aclarar que los verdaderos atletas olímpicos se encuentran aquí, contrario a lo que la gente piensa las olimpiadas no son cada cuatro años en sedes diferentes alrededor del mundo, en realidad se llevan a cabo en la red -instalaciones y medios- de transporte público, o lo que es lo mismo, en las estaciones y vagones del metro.
Las cosas estan así...
Me encontraba en ese "efectivo" Sistema de Transporte Colectivo...Que es el Metro. -Quisiera que las autoridades se subieran algún día a las siete de la mañana o doce horas después en estación Hidalgo a ver si en verdad les parece tan efectivo.- En esas estaba cuando, en el vagón se desocupó ese asiento solitario que está al lado de las puertas. Alrededor de él se encontraban tres señoras: la primera vestía un mandil a cuadros con las bolsas llenas de servilletas, un vestido con flores y un chaleco de estambre; la segunda tenía una de esas blusas de transparencias "sexies" que no dejan nada a la imaginación, y permiten ver las curvas femeninas que Dios, los hijos y sobre todo la comida les dio; la tercera no tenía más característica que una gran bolsa de mandado de la carnicería “La Chiquitina”.
Analicemos la situación: Como primer punto tenemos un transporte colectivo que es especialmente ocupado por gente de poca cultura -o jodidos como yo - que viven lejos de su trabajo; segundo, se desocupa un asiento frente a tres personas ansiosas del mismo; tercero, los asientos –se supone- están destinados al sexo femenino y más aún si rebasan los 40 años. ¿Qué creen que sucedió?
¡Adivinaron! Una lucha por el asiento. La señora del mandil y chalequito dio un giro de 180° al frente con 5.6 grados de dificultad en T - toda, toda, toda su humanidad-, tratando de posicionar sus nalgas en un ángulo de 45° para dejarlas caer sobre el pobre plástico del asiento. En ese preciso momento es detenida por la desvergonzada de las "sexies" transparencias, quien ejecutó perfecta, una maniobra de giro inversa con tira buzón en posición "D", de... "atrévete a sentarte y ya verás". Aunque no es sucficiente para alcanzar el asiento, pues ambas quedan perplejas por la gran astucia de la tercera, ya que ocupa el implemento proporcionado por la carnicería “La Chiquitina” para apartar el lugar desde su lejana posición.
Saboreaba la victoria cuando en un sorpresivo suceso las tres terminan desconcertadas, un astuto niño - cuyo ambiente del metro es ya como su casa- se cuela debajo del tubo transversal y ocupa el tan valioso asiento. Las tres mujeres se miran sorprendidas, con el mayor odio que un humano puede sentir. Momentos después, las féminas lanzan una mirada inquisidora al niño quien, burlonamente, finge entrar en un sueño de ondas cerebrales lentas.
Fue ahí donde deduje que uno de los más grandes valores en esta ciudad es un asiento. ¿Por qué?:
1. Un asiento da poder. Este tal vez sea el principal motivo de lucha por un asiento. ¿Cuántas señoras no habrán sido "deschongadas" y cuántas otras habrán perdido las uñas por sentir un poco de poder, que en sus casas sólo es administrado a través de la cantidad de alimento que pueden preparar y consumir?
2. Un asiento, al dar poder, da status: Alguien común y corriente, pasa a ser un verdadero pasajero y deja de ser uno de los “del montón” que se encuentra parado peleando por cinco milímetros de espacio; ese status como pasajero le brinda al beneficiado ciertos derechos sobre los demás: El poder de no ser comprimido o de tomar una siesta ante un público humillado y envidioso de dormir, aunque fuera, cinco minutos más antes de llegar al trabajo. Un pasajero puede voltear y burlarse de la banal lucha que se lleva a cabo en los pasillos del metro, donde las técnicas de Judo, Tae Kwon Do y lucha libre parecen cosa de niños.
3. Un asiento da salud mental: Sí, es evidente que el asiento dará un poco de alivio a los aquejados de enfermedades como varices crónicas, pie diabético, vasculitis de diversos tipos, etcétera. Pero a cualquier persona le sirve como el más certero antidepresivo o tranquilizante -por encima incluso del Diapezam-. Un asiento da la tranquilidad al pasajero de que no le sacarán la cartera, lo(a) manosearán, apretarán, pellizcarán o cualquier otro de esos plus que nos da el viajar en el metro.
4. Un asiento da perspectiva: Al estar más tranquilo y sentirse poderoso, el pasajero puede planear mejor su día, leer sus apuntes –en caso de que sea estudiante o un lector ávido-, terminar sus tareas, tejer, prepararse para el cambio de estación, para el descenso -aquí aplicará las más diversas técnicas de atletismo- o por lo menos platicar con el compañero de manera más tranquila.
5. Un asiento da felicidad: Al planear el día, terminar los quehaceres, dormir un poco más o, si quiera, descansar del molesto proceso de viajar por la ciudad, el pasajero se siente muy distinto de todas aquellas personas que sólo piensan en aquel que los empuja o a la que vienen oliéndole la axila. Esto me hace formular la siguiente teoría, los mexicanos ¿seremos expertos en aromas de desodorantes?
Y así como estos breves puntos podríamos sacar muchos más. Tal vez ahora pueda comprender el porqué la gente puede ponerle un altar al asiento del metro y cómo, a pesar de que se dice que “un hijo es el regalo más preciado del cielo”, palidezca ante semejante valor, pues son los hijos una clase de proyectiles dirigidos a la caza de los asientos que se desocupan, aunque en el intento puedan quedar aplastados por un par de nalgas, sin la menor educación, urgidas por descansar. Que no hay mejor entrenamiento para una olimpiada como lo es el transporte público, donde se necesita fuerza, coraje, voluntad, resistencia, agilidad, concentración y sobre todo paciencia para llegar a un lugar. Si te encuentras con un asiento desocupado considera el gran valor, mayor que cualquier moneda que pudiera encontrarse en tus pantalones. Vea en un asiento, un trozo de oro de esta salvaje ciudad.
Así como también aclarar que los verdaderos atletas olímpicos se encuentran aquí, contrario a lo que la gente piensa las olimpiadas no son cada cuatro años en sedes diferentes alrededor del mundo, en realidad se llevan a cabo en la red -instalaciones y medios- de transporte público, o lo que es lo mismo, en las estaciones y vagones del metro.
Las cosas estan así...
Me encontraba en ese "efectivo" Sistema de Transporte Colectivo...Que es el Metro. -Quisiera que las autoridades se subieran algún día a las siete de la mañana o doce horas después en estación Hidalgo a ver si en verdad les parece tan efectivo.- En esas estaba cuando, en el vagón se desocupó ese asiento solitario que está al lado de las puertas. Alrededor de él se encontraban tres señoras: la primera vestía un mandil a cuadros con las bolsas llenas de servilletas, un vestido con flores y un chaleco de estambre; la segunda tenía una de esas blusas de transparencias "sexies" que no dejan nada a la imaginación, y permiten ver las curvas femeninas que Dios, los hijos y sobre todo la comida les dio; la tercera no tenía más característica que una gran bolsa de mandado de la carnicería “La Chiquitina”.
Analicemos la situación: Como primer punto tenemos un transporte colectivo que es especialmente ocupado por gente de poca cultura -o jodidos como yo - que viven lejos de su trabajo; segundo, se desocupa un asiento frente a tres personas ansiosas del mismo; tercero, los asientos –se supone- están destinados al sexo femenino y más aún si rebasan los 40 años. ¿Qué creen que sucedió?
¡Adivinaron! Una lucha por el asiento. La señora del mandil y chalequito dio un giro de 180° al frente con 5.6 grados de dificultad en T - toda, toda, toda su humanidad-, tratando de posicionar sus nalgas en un ángulo de 45° para dejarlas caer sobre el pobre plástico del asiento. En ese preciso momento es detenida por la desvergonzada de las "sexies" transparencias, quien ejecutó perfecta, una maniobra de giro inversa con tira buzón en posición "D", de... "atrévete a sentarte y ya verás". Aunque no es sucficiente para alcanzar el asiento, pues ambas quedan perplejas por la gran astucia de la tercera, ya que ocupa el implemento proporcionado por la carnicería “La Chiquitina” para apartar el lugar desde su lejana posición.
Saboreaba la victoria cuando en un sorpresivo suceso las tres terminan desconcertadas, un astuto niño - cuyo ambiente del metro es ya como su casa- se cuela debajo del tubo transversal y ocupa el tan valioso asiento. Las tres mujeres se miran sorprendidas, con el mayor odio que un humano puede sentir. Momentos después, las féminas lanzan una mirada inquisidora al niño quien, burlonamente, finge entrar en un sueño de ondas cerebrales lentas.
Fue ahí donde deduje que uno de los más grandes valores en esta ciudad es un asiento. ¿Por qué?:
1. Un asiento da poder. Este tal vez sea el principal motivo de lucha por un asiento. ¿Cuántas señoras no habrán sido "deschongadas" y cuántas otras habrán perdido las uñas por sentir un poco de poder, que en sus casas sólo es administrado a través de la cantidad de alimento que pueden preparar y consumir?
2. Un asiento, al dar poder, da status: Alguien común y corriente, pasa a ser un verdadero pasajero y deja de ser uno de los “del montón” que se encuentra parado peleando por cinco milímetros de espacio; ese status como pasajero le brinda al beneficiado ciertos derechos sobre los demás: El poder de no ser comprimido o de tomar una siesta ante un público humillado y envidioso de dormir, aunque fuera, cinco minutos más antes de llegar al trabajo. Un pasajero puede voltear y burlarse de la banal lucha que se lleva a cabo en los pasillos del metro, donde las técnicas de Judo, Tae Kwon Do y lucha libre parecen cosa de niños.
3. Un asiento da salud mental: Sí, es evidente que el asiento dará un poco de alivio a los aquejados de enfermedades como varices crónicas, pie diabético, vasculitis de diversos tipos, etcétera. Pero a cualquier persona le sirve como el más certero antidepresivo o tranquilizante -por encima incluso del Diapezam-. Un asiento da la tranquilidad al pasajero de que no le sacarán la cartera, lo(a) manosearán, apretarán, pellizcarán o cualquier otro de esos plus que nos da el viajar en el metro.
4. Un asiento da perspectiva: Al estar más tranquilo y sentirse poderoso, el pasajero puede planear mejor su día, leer sus apuntes –en caso de que sea estudiante o un lector ávido-, terminar sus tareas, tejer, prepararse para el cambio de estación, para el descenso -aquí aplicará las más diversas técnicas de atletismo- o por lo menos platicar con el compañero de manera más tranquila.
5. Un asiento da felicidad: Al planear el día, terminar los quehaceres, dormir un poco más o, si quiera, descansar del molesto proceso de viajar por la ciudad, el pasajero se siente muy distinto de todas aquellas personas que sólo piensan en aquel que los empuja o a la que vienen oliéndole la axila. Esto me hace formular la siguiente teoría, los mexicanos ¿seremos expertos en aromas de desodorantes?
Y así como estos breves puntos podríamos sacar muchos más. Tal vez ahora pueda comprender el porqué la gente puede ponerle un altar al asiento del metro y cómo, a pesar de que se dice que “un hijo es el regalo más preciado del cielo”, palidezca ante semejante valor, pues son los hijos una clase de proyectiles dirigidos a la caza de los asientos que se desocupan, aunque en el intento puedan quedar aplastados por un par de nalgas, sin la menor educación, urgidas por descansar. Que no hay mejor entrenamiento para una olimpiada como lo es el transporte público, donde se necesita fuerza, coraje, voluntad, resistencia, agilidad, concentración y sobre todo paciencia para llegar a un lugar. Si te encuentras con un asiento desocupado considera el gran valor, mayor que cualquier moneda que pudiera encontrarse en tus pantalones. Vea en un asiento, un trozo de oro de esta salvaje ciudad.
2 Comentarios:
Ps...Aquí una valiosa colaboración de Iker, a mí me gustó, usted amable lector, ¿qué dice?
jajaja oooohhh siii el metro que cosas que experiencias deja en la vida viajar en el metro ... es tan sorprendente a veces el salvajismo con que la gente pelea un asiento ... y ni el asiento... pelean por entrar al vagon que ya esta a reventar y aun asi se animan a entrar hasta toman vuelo retroceden un metro de distancia de la puerta, se concentrar, se percinan y ahi van corriendo con todas sus fuerzas asi la entrada del vagon chocando su cuerpo con los de adentro empujando a los que estan en el fondo y creando un peqeño espacio para entrar woooww es increibel que cierren las puuertaas del vagon y todavia es peor cuando llegas a la otra estacion porq hay mas gente mentalisandose para entrar haciendo calentamiento para empujar y mentalisandose de los pisotones, pellizcos, de mas cosas que van a recibir al querer entrar y los q bajan empujan para salir sacan a medio mundo y todos esos se vuelven a meter a empujones
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