Cuando pasamos lentamente en un accidente de autos, de esos que son horribles pero no puedes dejar de ver esas escenas sangrientas; cuando le tocamos fuertemente el claxon al perro a mitad de la calle, despertamos con un chiflido al borracho dormido en la banqueta o los momentos en los que te tomas el tiempo de mirar a tus anchas al perro muerto con la panza inflada y a punto de reventar, no somos nosotros los que actuamos así, es el OGT que llevamos dentro.
Son días en los que el OGT que vive en mí sale a la luz, aquel que con todas sus ganas desea que en las posadas a alguien le toque un palazo y, mejor aún, poder grabar ese momento con el celular. El OGT que se sigue riendo hoy de la caída de Juan Gabriel e incluso tiene el video como uno de los favoritos, que cuando va en la calle manejando va escaneando a cada uno de los conductores, esperando que uno de ellos se saque un moco o se le abra de la nada la puerta del auto y salga rodando por el camino.
La aparición más larga e inoportuna de mi OGT interior fue en la recepción de la boda de "La Güera", cuando comenzaron la famosa "Víbora de la Mar" él era presa del ansia al ver que ningún pobre diablo terminaba trapeando el salón.
- "¡Denle más rápido; denle más rápido que así nadie se va a caer jamás!" - gruñía ferozmente en primera fila con cámara en mano.
El momento que más disfruta de estos eventos es la hora de partir el pastel pues le gusta ver cómo los novios son arrojados con saña por los invitados, los cuales, por supuesto están dejando actuar a su respectivo OGT.
Ese OGT interior goza con la vergüenza de otros. Por ejemplo en la recepción de "La Güera", uno de los invitados no sólo le zumbó la cara al novio en el pastel, sino que dejó de ejercer presión hasta que se escuchó un seco "crack".
El pobre tipo cayó desmayado llevándose consigo los tres pisos de aquel suculento postre, para mi mala fortuna solté una carcajada que retumbó seguramente hasta el estacionamiento del lugar, no podía mantener una toma fija con la cámara debido al ataque de risa que me invadió. Aunque sabía que lo más oportuno era auxiliar a mi "primo" algo dentro de mí decía:
-"Jajajajaja... ¡esté es material de primera para el canal de You Tube!"
El OGT interior viene en distintos modelos, puede ser un gordo asqueroso y barbón, que todo el día se la pasa comiendo "chatarra", un viejillo frustrado con olor a naftalina y los pantalones hasta el pecho, o una "sesentona" con gesto de fuchi en la cara, atenta a los últimos chismes en la nota roja del periódico, eso depende de cada quien.
Difícil es controlarlo, porque en los momentos más embarazosos le da por salir a la luz, se acuerda de los chistes crueles -muy buenos, por cierto- en los velorios, se pone unos corajes marca embolia a la vista cuando alguien en la calle a punto de caer recupera el equilibrio, aunque de ser por ella lo ayudaba (pero a caer más rápido).
Se debe entender que no es cruel e insensible, simplemente mi OGT interior se encuentra más a flor de piel que el de muchos otros, tiene autonomía y ya no sé cómo controlarlo, aunque lo realmente interesante es cuando termina juntándose con una chiquilla que vive dentro de mí, que de tan honesta que es cae en el cinismo.
Son días en los que el OGT que vive en mí sale a la luz, aquel que con todas sus ganas desea que en las posadas a alguien le toque un palazo y, mejor aún, poder grabar ese momento con el celular. El OGT que se sigue riendo hoy de la caída de Juan Gabriel e incluso tiene el video como uno de los favoritos, que cuando va en la calle manejando va escaneando a cada uno de los conductores, esperando que uno de ellos se saque un moco o se le abra de la nada la puerta del auto y salga rodando por el camino.
La aparición más larga e inoportuna de mi OGT interior fue en la recepción de la boda de "La Güera", cuando comenzaron la famosa "Víbora de la Mar" él era presa del ansia al ver que ningún pobre diablo terminaba trapeando el salón.
- "¡Denle más rápido; denle más rápido que así nadie se va a caer jamás!" - gruñía ferozmente en primera fila con cámara en mano.
El momento que más disfruta de estos eventos es la hora de partir el pastel pues le gusta ver cómo los novios son arrojados con saña por los invitados, los cuales, por supuesto están dejando actuar a su respectivo OGT.
Ese OGT interior goza con la vergüenza de otros. Por ejemplo en la recepción de "La Güera", uno de los invitados no sólo le zumbó la cara al novio en el pastel, sino que dejó de ejercer presión hasta que se escuchó un seco "crack".
El pobre tipo cayó desmayado llevándose consigo los tres pisos de aquel suculento postre, para mi mala fortuna solté una carcajada que retumbó seguramente hasta el estacionamiento del lugar, no podía mantener una toma fija con la cámara debido al ataque de risa que me invadió. Aunque sabía que lo más oportuno era auxiliar a mi "primo" algo dentro de mí decía:
-"Jajajajaja... ¡esté es material de primera para el canal de You Tube!"
El OGT interior viene en distintos modelos, puede ser un gordo asqueroso y barbón, que todo el día se la pasa comiendo "chatarra", un viejillo frustrado con olor a naftalina y los pantalones hasta el pecho, o una "sesentona" con gesto de fuchi en la cara, atenta a los últimos chismes en la nota roja del periódico, eso depende de cada quien.
Difícil es controlarlo, porque en los momentos más embarazosos le da por salir a la luz, se acuerda de los chistes crueles -muy buenos, por cierto- en los velorios, se pone unos corajes marca embolia a la vista cuando alguien en la calle a punto de caer recupera el equilibrio, aunque de ser por ella lo ayudaba (pero a caer más rápido).
Se debe entender que no es cruel e insensible, simplemente mi OGT interior se encuentra más a flor de piel que el de muchos otros, tiene autonomía y ya no sé cómo controlarlo, aunque lo realmente interesante es cuando termina juntándose con una chiquilla que vive dentro de mí, que de tan honesta que es cae en el cinismo.
3 Comentarios:
no pues ke ogt,pobre de tu familia con un criticon como tu,pero si es algo ke no podemos evitar.como cuando esta un perro muerto a media calle y le pitamos para ver si se quita y volteamos para ver si se movio, esta reflexivo
mi OGT interior a como poder negarlo todos lo llevamos dentro aunque unos lo dejamos salir jajaja como olvidar los problemas en q me ha metido mi OGT interior jajaja como la vez que el profesor se cayó delante de todo el salon jajaja fui la primera en dejar salir a mi OGT interior jaja o cuando al profesor de educacion fisica uno todo ruco se le cayó la gorra jajaa y dejo a la vista sus tres pelitos q ya tenia jajaja claro mi OGT soltó una carcajajajadota jajaja amo a mi OGT
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
Así es, nunca había logrado identificar a ese ser culero que, según yo, era una parte natural de nuestra personalidad, pero ahora sé que es el OGT interior...y que todos lo tenemos, creo que después de leer la anécdota me siento menos culera que antes ¬¬ jajaja.
Muy buena como siempre!
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