El 2008 ya es historia, y ahora nos queda desearnos lo mejor de lo mejor para este año que inicia, mandar buenas vibras, llamadas, mensajes, comentarios en las páginas personales, etcétera.
Los últimos minutos del año deseamos paz, armonía, unión y que los deseos de los demás se cumplan; al comer las uvas planeamos lo que serán los metas del siguiente año: bajar de peso, ser más amables, salud, dinero, salud, dinero, trabajo, dinero, viajar, dinero y así hasta llegar al último mes. Y al analizar el año nos damos cuenta que díficilmente cumplimos todo lo decretado.
Por eso es mejor evitarse de desear cosas específicas. Si midiera mi año con base en todas las cosas que pedí mientras me atracaba doce uvas -una por cada campanada-, me empujaba dos o tres cucharadas de lentejas para la abundancia -según dice mi abuela-, me aseguraba de usar algo amarillo, tener un billete en el zapato, barrer la entrada de la casa y encima dar una vuelta a la manzana para poder salir mucho de viaje, no tendría ni un solo propósito cumplido, porque me pasa que a los cinco minutos de haber recibido el año, no recuerdo ni lo que pedí en Diciembre.
Al iniciar el 2008, decreté que sería el año ¿de qué? De cosas positivas, de agradecimientos a la gente tan valiosa con la que tengo el privilegio de compartir este viaje, por cada lección recibida, que hace más grande y más fuerte -sí, lo sé, sonó a comercial- el año, de proponer nuevas metas siempre. Y así fue, al final comprendí que este año fue el bueno, igual que los anteriores y los que vendrán. 2008 fue el año de romper cadenas, de cerrar ciclos, de abrir nuevos, conocer lugares distintos, cumplir metas de tiempo atrás y plantear nuevos objetivos, un año de planes, un año de pensar en el futuro, de cocinar nuevos y pequeños proyectos. 2008 fue el año de preparar.
Ahora los pequeños proyectos son una realidad. ¿Cuál es el siguiente paso? Fácil: actuar. 2009 debe ser la acción, hacer que esas pequeñas cosas que nacieron durante 2008 crezcan, se fortalezcan. Averiguar hasta dónde somos capaces de llevar a la realidad nuestra imaginación; viajar, evolucionar, crear nuevos objetivos y cumplirlos uno por uno. Para eso tenemos doce meses. Las lentejas, el calzón rojo y todos esos rituales son para divertirse y disfrutarlos, no para estar presionados pensando en los deseos, los propósitos...
¿Qué es lo que yo deseo para este año? No dejar nada en "la lista de cosas por hacer".
Los quiero CASI tanto como a MI!!!
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Los últimos minutos del año deseamos paz, armonía, unión y que los deseos de los demás se cumplan; al comer las uvas planeamos lo que serán los metas del siguiente año: bajar de peso, ser más amables, salud, dinero, salud, dinero, trabajo, dinero, viajar, dinero y así hasta llegar al último mes. Y al analizar el año nos damos cuenta que díficilmente cumplimos todo lo decretado.
Por eso es mejor evitarse de desear cosas específicas. Si midiera mi año con base en todas las cosas que pedí mientras me atracaba doce uvas -una por cada campanada-, me empujaba dos o tres cucharadas de lentejas para la abundancia -según dice mi abuela-, me aseguraba de usar algo amarillo, tener un billete en el zapato, barrer la entrada de la casa y encima dar una vuelta a la manzana para poder salir mucho de viaje, no tendría ni un solo propósito cumplido, porque me pasa que a los cinco minutos de haber recibido el año, no recuerdo ni lo que pedí en Diciembre.
Al iniciar el 2008, decreté que sería el año ¿de qué? De cosas positivas, de agradecimientos a la gente tan valiosa con la que tengo el privilegio de compartir este viaje, por cada lección recibida, que hace más grande y más fuerte -sí, lo sé, sonó a comercial- el año, de proponer nuevas metas siempre. Y así fue, al final comprendí que este año fue el bueno, igual que los anteriores y los que vendrán. 2008 fue el año de romper cadenas, de cerrar ciclos, de abrir nuevos, conocer lugares distintos, cumplir metas de tiempo atrás y plantear nuevos objetivos, un año de planes, un año de pensar en el futuro, de cocinar nuevos y pequeños proyectos. 2008 fue el año de preparar.
Ahora los pequeños proyectos son una realidad. ¿Cuál es el siguiente paso? Fácil: actuar. 2009 debe ser la acción, hacer que esas pequeñas cosas que nacieron durante 2008 crezcan, se fortalezcan. Averiguar hasta dónde somos capaces de llevar a la realidad nuestra imaginación; viajar, evolucionar, crear nuevos objetivos y cumplirlos uno por uno. Para eso tenemos doce meses. Las lentejas, el calzón rojo y todos esos rituales son para divertirse y disfrutarlos, no para estar presionados pensando en los deseos, los propósitos...
¿Qué es lo que yo deseo para este año? No dejar nada en "la lista de cosas por hacer".
Los quiero CASI tanto como a MI!!!